¿Cuál es el Mar Rojo que tienes que cruzar en tu vida?

Haciendo voluntariado en una casa de las Hermanas de la Caridad me siento a conversar en la mesa con Pierre Alain. Es un joven cristiano procedente de Togo que ha cruzado el Estrecho en patera. Llegó a las costas del Mediterráneo hace unos meses, después de pagar una cantidad desorbitada a las mafias que transportan inmigrantes africanos huyendo de la miseria y la desolación. Ha hecho su particular travesía por el Mar Rojo, porque aunque su barco desvencijado hacinado de mujeres y niños y jóvenes desesperados por un ¿futuro? mejor estuvo un tiempo a la deriva por el recio viento que se levantó al poco de salir de las costas africanas, él tenía fe en que Dios les salvaría. Muchos en aquel barco —cristianos y musulmanes de corazón, con una fe firme— invocaron al Dios que todo lo puede y cuando las aguas amainaron atisbaron las costas almerienses. El Dios de los imposibles siempre actúa. La de Pierre Alain es una situación extrema, pero todos hemos pasado por nuestro Mar Rojo, con situaciones que parecen sin salida. Incluso, ahora, leyendo esta meditación puedes estar viviendo una de esas situaciones en que todo parece desmoronarse.
Pero ese Dios de las causas perdidas ejerce su poder y obra sus imposibles. Él tiene salidas, otorga oportunidades, donde el hombre únicamente contempla obstáculos e impedimentos. Ve victoria, liberación y gloria donde el ser humano tan sólo es capaz de contemplar derrota y sometimiento.
Pierre Alain sólo pensaba en la locura de Dios, esa locura que permite que un barco a la deriva avance por ese mar enfurecido con decenas de niños, mujeres y jóvenes hacinados como bestias de carga. Pero asumió la palabra de Dios, confió en su inmenso poder y puso su vida y la de sus compañeros de viaje en manos de la fe y la esperanza. Llegó con vida, sintiendo en carne propia las maravillas del poder de Dios.
¿Cuál es el Mar Rojo que tienes que cruzar en tu vida? Carece de relevancia cuáles sean tus problemas, tus inquietudes, tus sufrimientos, esas contrariedades que te amargan la vida. Ponlas en manos de Dios. Colócalas en el altar de su misericordia. Y en el silencio de la oración deja que te hable. Que te hable al corazón. Él da siempre las soluciones más sorprendentes e inimaginables a los problemas que atenazan al hombre. Tal vez no logrará liberarte de esos dolores que atormentan tu corazón pero, en cambio, te ofrecerá consuelo, paz, seguridad, confianza y descanso. Y conversión interior. La conversión que consiste pasar de vivir con el yo de mis problemas a vivir para el Señor.
¿Estás rezando por algo específico que te preocupa y no ves la orilla de la esperanza? No te detengas. Dios espera de ti que sigas perseverando y que no te desprendas de tu sueño, de tu petición o tu milagro. Que nada te aleje de aquello que llevas en lo más profundo de tu corazón.
Como Pierre Alain confía en ser alguien que persevera hasta alcanzar su sueño. No retrocedas en la oración porque Dios, que es el fabricante de milagros, está predispuesto a ayudarte cuando menos lo esperas. Y, entonces, comprenderás que merece la pena confiar para cruzar tu particular Mar Rojo.

Parted Seas

¡Señor, piensa en tu alianza; no olvides sin remedio la vida de tus pobres, de los marginados, de los perseguidos, de los desesperanzados! ¡Levántate, oh Dios, defiende tu causa; no olvides las voces de los que te buscan! ¡Padre, que en tu providencia misteriosa asocias la Iglesia a los dolores de tu Hijo, concede a los que sufren espíritu de paciencia y caridad, para que manifiesten siempre testigos verdaderos y fieles de tus promesas! ¡Señor fortalece a los que sufren a causa del Evangelio, a los cristianos que están siendo martirizados, en diversos lugares del mundo, haz que sientan la cercanía, la oración y la solidaridad de todos los cristianos y de todas las personas de buena voluntad! ¡Haz, Señor que nos les falte el consuelo, la fortaleza y el gozo del Espíritu, y sus sufrimientos, unidos a los tuyos, atraiga la conversión de sus perseguidores! ¡Señor Jesús, haz que tomemos conciencia de que no somos de este mundo sino ciudadanos del cielo, que al seguirte a ti no nos desconcierte el odio del mundo dominado por el Maligno, asiste con tu Espíritu a nuestros hermanos perseguidos, a los que emigran en busca de esperanza, y que su sangre derramada como la tuya sea semilla de nuevos cristianos!

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