¡Quiero que Cristo reine en mi interior!

Hoy es la festividad de Cristo Rey. Frente a un crucifijo de madera que me traje de Jerusalén medito el pasaje evangélico de la muerte de Cristo, el momento crucial en el que comienza su verdadero reinado en el mundo. Y contemplando la cruz comprendo que ese es el trono de su reinado. Impresiona rememorar lo que representa el rótulo que preside la Cruz: «Jesús, Rey de los judíos». Pienso que los que le ven morir estarían desafiándole a que mostrara explícitamente la fuerza de su realeza, incluso entre amigos y conocidos. Hubiese sido a los ojos de los hombres el poner a cada uno en su lugar la demostración más enfática de su realeza. Pero Cristo prefirió, sin embargo, demostrar su poder real poniendo toda su atención en un paria social, en un malhechor con el que compartía la Cruz, diciéndole: “En verdad hoy estarás conmigo en el paraíso”.
No me importa si Cristo Rey reina o no en nuestra sociedad, lo importante es si reina o no en mi interior; no me concierne si los poderosos de este mundo reconocen su poder, lo que quiero es reconocerlo yo y sentirlo vivo en mi corazón.

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¡Que seas tu el Rey y el Señor de mi vida! ¡Reina dentro de mi, ayúdame a establecer las prioridades de mi vida! ¡Impide que viva para mí mismo, encerrado en mi mismo, orientado en mi mismo porque eso me aparta de la eternidad! ¡Quiero vivir para Ti, Señor, a pesar de mis caídas y mis contrariedades! ¡Y en este día, dame una fe más fuerte y más firme para acercarme a Ti, para aprender a sufrir, para aprender a rezar, para aprender a amar! ¡Y en este día, Señor, te pido por los que no te conocen, te han desechado, te han despreciado, nunca te han conocido, viven separados de Ti o viven en el error, compadécete de ellos y acércalos a tu Sagrado Corazón! ¡Señor, Tu eres el Rey de todos, de los que te seguimos fielmente con nuestra miseria y pequeñez, de los que se han alejado de Ti por las circunstancias de su vida, de los pródigos que te han abandonado, haz que todos volvamos siempre a la casa del Padre y te reconozcamos a Ti como el verdadero Pastor! ¡Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco la pobreza de mis obras para conseguir que todos los corazones reconozcan tu realeza y para que así se establezca en todo el mundo el Reino de tu Paz!

En Ti, Señor, esperé se canta en el Te Deum, una forma de clamar por la esperanza en Dios. Hoy la rememoramos en este último domingo en la que celebramos que Dios es el Rey del universo, un reino donde domina la verdad y la vida, la justicia y el amor, la paz y la gracia. Y lo hacemos con la composición de Giovanni Valentini:

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