¡El miedo me paraliza!

Cada uno tenemos una especie de centinela interior en el corazón. Es aquel responsable de abrir o vedar el paso a la gran mayoría de los miedos y temores que se presentan en nuestra vida. Es esa voz interior que permite que se asiente en el corazón el pesimismo, la tristeza, la desilusión e, incluso, la fatalidad. Es esa voz interior que proclama que se desea lo contrario pero que si uno se atreve a dar el primer paso y no se es correspondido, o no se cumplen las expectativas, o no se consigue el objetivo, uno se sentirá rechazado, desmoralizado o fracasado.
Esa cantinela del miedo se experimenta con cierta frecuencia. Es como una profecía del auto-engaño, el arma poderosa que tiene el demonio para luchar contra la fe del hombre, el arma más vigorosa y eficaz del cristiano. Se trata de cambiar el discurso tristón, negativista, nocivo y autodestructivo por un alegato presidido por la fe y la confianza para dejar de vivir angustiado y atemorizado por todo. Pero eso no siempre resulta sencillo.
La realidad del miedo no es cómo actúa en cada uno sino el daño que provoca en nuestro interior. Vivir con miedo puede provocar la paralización de todos los planes que Dios tiene ideados para nosotros.
La oración se convierte así en el abono del espíritu, un abono que permite que la fertilidad de la semilla de la fe implantada en nuestro corazón emerja como un brote de vida nueva. Cuando una semilla se deja de regar y alimentar acaba muriendo. Comenzaba ayer la lectura del Libro de Job e impresiona sentir aquello que aparece escrito: «lo que determines, se realizará». Cuando uno logra cambiar sus pensamientos negativos, ponerlo todo en manos del Señor, pedir en la oración con fe viva que el miedo desaparezca de su corazón, cambia radicalmente la manera de enfocar su vida.
La dificultad surge con el escepticismo que nos presenta la Palabra. En las Escrituras reposa el valor de la confianza que Dios nos pide y sobre la que todo hombre debe apoyarse. Tal vez uno no sienta que ese puede ser el soporte de su vida. No importa. El abono que se ha esparcido en el corazón absorbe adecuadamente la totalidad de los nutrientes actuando en consecuencia en el interior. Y brotará en el momento oportuno. Conocer las Escrituras ayuda a vencer los miedos que se presentan en la vida y ofrece instrucciones precisas para superar con decidida voluntad los miedos, las dudas, los temores y los sufrimientos en nuestra vida.
Hay que construir la fe cada día, abonarla, confiando plenamente que Dios es quien dice ser y que cumplirá su plan en nuestra vida. ¿O acaso no es cierto eso que exclama el Salmo de que «Dios es mi salvación, a quién temeré»?

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¡Señor, tengo fe, pero a veces dudo y tengo miedo! ¡Señor, tu me animas de dejarme dominar por los temores y los miedos, pero te reconozco que hay momentos de incertidumbre y de turbación! ¡Te pido, Señor, que en estos momentos vengas a mi corazón, ven a mí cuando el sufrimiento y la incomprensión, el dolor y las dudas, cuando los temores y los ruidos interiores me afecten y me bloqueen, me dejen sin fuerzas y sin saber cómo actuar! ¡Envía, Señor, tu Espíritu para ser fuerte ante la adversidad! ¡Ven a mí, Señor, cuando mi cuerpo enferme y mi corazón se quiebre, pero también cuando se enferme mi alma y mi espíritu! ¡Perdóname, Señor, las veces que he pensado que estabas alejado de mí o no me escuchabas, que no te interesaban mis inquietudes y mis problemas! ¡Perdón, Señor! ¡Envía tu Espíritu, Señor, para no perder nunca la calma ni la serenidad! ¡Ven a mí, Señor, porque sin Ti no tengo paz! ¡Ven, Señor a mi vida!

Acompaño hoy esta meditación con la Canción de la luna del compositor checo Antonín Dvorak:

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Un comentario en “¡El miedo me paraliza!

  1. Nada te turbe,
    Nada te espante,
    Todo se pasa,
    Dios no se muda.
    La paciencia
    Todo lo alcanza;
    Quien a Dios tiene
    Nada le falta:
    Sólo Dios basta.
    Eleva el pensamiento,
    Al cielo sube,
    Por nada te acongojes,
    Nada te turbe.
    A Jesucristo sigue
    Con pecho grande,
    Y, venga lo que venga,
    Nada te espante.
    ¿Ves la gloria del mundo
    Es gloria vana;
    Nada tiene de estable,
    Todo se pasa.
    Aspira a lo celeste,
    Que siempre dura;
    Fiel y rico en promesas,
    Dios no se muda.
    Ámala cual merece
    Bondad inmensa;
    Pero no hay amor fino
    Sin la paciencia.
    Confianza y fe viva
    Mantenga el alma,
    Que quien cree y espera
    Todo lo alcanza.
    Del infierno acosado
    Aunque se viere,
    Burlará sus furores
    Quien a Dios tiene.
    Vénganle desamparos,
    Cruces, desgracias;
    Siendo Dios su tesoro,
    Nada le falta.
    Id, pues, bienes del mundo;
    Id, dichas vanas;
    Aunque todo lo pierda,
    Sólo Dios basta.

    SANTA TERESA DE JESÚS:

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