Mirar a los que me rodean con los ojos de María

Tengo en casa una Virgen del libro hecha de piedra que mi mujer y yo compramos hace unos años en los Pirineos franceses. Es una Madonna delicada y amorosa, con un libro abierto en su regazo enseñándole, tal vez, al Niño cantos de alabanza al Padre.
Hoy me he fijado, no sé por qué, en su mirada. Limpia, amorosa y clara. Y a pesar de esa nitidez la mirada de María continua siendo un misterio para los hombres porque nunca seremos capaces de comprender totalmente la profundidad desde la que surge; la hermosura que sus ojos lucen; la belleza que sus pupilas transmiten; el resplandor intenso que nace de su alma pura e inmaculada.
La mirada a Jesús, irradia no sólo amor sino también entrega, obediencia y generosidad. Desde la cueva de Belén, la Virgen contempló al Niño consciente de que Dios tenía mucho que decir en aquel entorno. Su mirada contemplativa no sólo veía con ojos de humanidad sino, sobre todo, con ojos de Madre de Dios. En ese mismo pesebre, María fijaba su mirada comprometida a José con esos ojos de confidencia, lealtad, amistad, compañerismo… eran los ojos de la esposa y madre que ama en los momentos de soledad y de alegría, de dificultad y gozo, de pobreza y de esperanza.
Hoy le pido a María que sea capaz siempre de mirar a los que me rodean con esa misma pureza, magnanimidad, alegría y ternura con la que miró a ella a cuantos rodearon su vida.

la foto

¡María, Madre… pon tu mirada también sobre mí! ¡Madre, pronuncio con el mismo cariño esta palabra que tantas veces pronunció tu Hijo para decirte que me consagro a Ti! ¡Te ofrezco la pobreza de mi vida, lo que soy, para que lo eleves al Padre! ¡Te ofrezco, María, mis anhelos de ser para Dios y para los que me rodean, como lo fue Jesús, siempre dando amor! ¡Mírame, Madre! ¡Mírame, porque quiero que mi corazón se deje transformar por tu hermosura y por los sentimientos de tu Hijo! ¡María, Madre del amor hermoso, quiero que tu mirada ilumine mi camino, que tu mano me guíe para lograr los ideales de mi vida, que me sienta atraído por tu corazón y que con tu consejo elija siempre en mi vida lo que es verdaderamente de Dios! ¡María, mírame, para que tu mirada sea un estímulo para mí, para que no ceje en mis luchas cotidianas, para que no me desaliente nunca, para que no deje de sonreír aunque la tristeza inunde mi corazón y, sobre todo, para que sepa dar amor a los demás como lo diste siempre Tú!

¡María, mírame! cantamos también con esta bella canción:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s