La luz del Adviento

La luz del Adviento se abre hoy invitándonos a la esperanza. Es tiempo de preparación para la Navidad. Se cierra una etapa y se abre otra. Tiempo que anuncia también el final del año. Nos coge agotados por las turbulencias experimentadas, por la vorágine del trabajo, por las dificultades que hemos tenido que sortear… Es tiempo de poner orden a aquello que nos propusimos, de hacer balance, de responder a aquellas preguntas que nos invitan a mirar nuestro interior con honestidad y ver que ha sido de nosotros en este año que concluye.
Es el peregrinaje del corazón. Es el momento de levantarse si hemos caído; de ponerse de nuevo en camino si nos hemos quedado en el umbral de la esperanza; de coger fuerzas si estamos agotados. Todo por una razón sencilla: es Cristo quien nos llama.
El tiempo de Adviento que hoy iniciamos guía nuestro corazón a Dios. Es una invitación a caminar y formularse muchas preguntas que, tal vez, durante el año hemos aparcado en nuestra oración: ¿En qué situación estoy en este momento del año? ¿Cuál ha sido mi verdadero camino? ¿Qué experiencia ha calado más en mi durante estos meses previos? ¿Cuáles han sido mis alegrías? ¿Y mis tristezas? ¿Y mi relación con el Padre y los que me rodean?
El tiempo de Adviento nos invita a abrir los ojos de nuestra vida. A disponer nuestro corazón a lo importante. Dios, la familia, la oración, la amistad, el compromiso… Y como tiempo de esperanza y espera es una llamada a centrar nuestra mirada en Cristo, que en pocos días esperará nuestra visita en el portal de Belén.

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¡Señor, en este primer día de Adviento, quiero ponerme en pie y seguir caminando hacia tu encuentro! ¡Quiero, Señor, con alegría mirarte y tratar de convertirme en un signo de esperanza! ¡Quiero acogerte en mi corazón, mi Dios, para tener más intimidad, amistad y familiaridad contigo! ¡Señor, soy consciente de que quieres hacerme partícipe de tus designios, de tu vida y de tu misma felicidad! ¡Lo acepto y te doy gracias y le pido al Espíritu Santo que sea Él el que me guíe para reconocer Tu voz en mi interior! ¡En este camino hacia la Navidad, hacia la verdadera certeza de que Cristo anida en mi alma, quiero seguir la guía del Espíritu Santo para llenarme de certezas, de profunda serenidad y de una gran paz interior!¡Ven, Señor, no tardes, ven pronto!

Para este primer día de Adviento propongo esta antifonía chipriota de gran belleza. Se trata del Veni Splendor-Lucis eternem, tan adecuada a este nuevo tiempo litúrgico.

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