¿Cómo puedo vivir, en la vorágine de mi mundo, las exigencias del Evangelio?

Alguien me habla de la dureza del Evangelio. ¡Es que es tan actual como la vida misma! Nos acostumbramos a ver lo negativo del Evangelio. Claro, cuando sucedieron los hechos que narra Cristo tuvo la misma oposición. En algunos casos brutal. La dureza de las palabras de Jesús pudieron herir a muchos, incluso entre sus seguidores. El Evangelio es una fuente máxima de exigencia. ¡Acaso no lo son las bienaventuranzas que nos invitan a cambiar radicalmente nuestra vida, a seguir a Cristo de una manera completamente nueva! Pero la exigencia del Evangelio tiene una contraposición: junto a la exigencia hay la promesa de recibir el ciento por uno. Nos habla del amor a Dios y a los hermanos, de entrega, de caridad, de perdón y de misericordia. Nos hace la promesa de la vida eterna. Nos muestra el camino y nos ofrece esperanza.
La razon por la que muchos tratan de dulcificar y suavizar su mensaje, antes y ahora, es que a la hermosa profundidad de su mensaje se le une una exigencia radical en el planteamiento de la vida.
Con relativa frecuencia olvidamos el mensaje de Cristo: “Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles”.
Con el Evangelio no se mercadea. Es inspiración del Espíritu Santo. Adaptarlo a nuestra propia conveniencia y someterlo a nuestros propios intereses es desconfiar por completo de la misión de Cristo y la fuerza redentora de la Cruz.
¿Y como puedo vivir yo, en la vorágine de mi mundo, las exigencias del Evangelio? Dejándose transformar por la gracia, pidiendo la fuerza del Espíritu Santo, vivificándose con la vida de sacramentos y uniendo nuestra oración a la del Padre. Y, en confianza, ser plenamente conscientes de que en Aquel que me conforta todo lo puedo.

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¡Ven Espíritu Santo, ven! ¡Ven y quédate en mi corazón pequeño, para que sea capaz de reconocer la grandeza de Dios, y no ponga tanto empeño en mis comodidades y de importancia a lo que dirán de mi! ¡Ven Espíritu Santo, ven! ¡Ven para hacerme entender que el mundo no gira en torno a mí! ¡Ven Espíritu Santo, ven! ¡Ven y regálame la sencillez del corazón para que todo gire alrededor de Dios para alabarlo y adorarlo y de los demás para servirlos con humildad! ¡Dame la gracia de la sencillez para vivir cada instante de mi vida sin estar pendiente de mí mismo sino de los demás! ¡Ven Espíritu Santo, ven! ¡Ven y toma mi orgullo y vanidades, y quémalo con tu fuego divino! ¡Ven Espíritu Santo, ven! ¡Ven y regálame la profunda sabiduría de la sencillez interior!

Empezamos el día con la cantata Oh Adonai para el tiempo de Adviento del compositor Healey Willan

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Un comentario en “¿Cómo puedo vivir, en la vorágine de mi mundo, las exigencias del Evangelio?

  1. Profunda y certera meditación!
    Oh PADRE BUENO,las delicias del EVANGELIO quiero poner en práctica porque lleno de sabiduría ÉL está…
    Y empiezo a reflexionar en el primer libro: GÉNESIS, y me encuentro con el pecado original y todo lo que conlleva estar en el mundo y ver desde los ojos del amor a mis hermanos, encontrando en todos ellos un inmenso tesoro… porque todos fuimos hechos a TU imagen y semejanza, lo cual representa un privilegio, pero al mismo tiempo, representa un riesgo, porque debemos dejar la huella profunda de tu PALABRA en quienes nos rodean, y he aquí que encontramos la tarea que nos encomiendas, la cual es muy ardua y difícil… porque tenemos libre albedrío, y es precisamente esa libertad que nos ofreces, la que opaca el verdadero mensaje que tienes para los hombres porque nos envanecemos y caminamos en contra el orden de la vida que quieres y tienes para nosotros.
    Entonces, como bien lo decía un predicador amigo mío, fuente de sabiduría y con el DON de la PALABRA Y LA ESCRITURA: “una primea tarea entonces” para nuestra vida: permanecer en el EVANGELIO sin avergonzarnos de TI!
    Perdona DIOS, quita toda ceguera espiritual y devuélveme la infinita SED de vivir plenamente tu PALABRA y enseñarla a los demás para que se ENAMOREN de la VERDAD que nos hace (valga la “redundancia”) VERDADERAMENTE LIBRES; porque no somos dioses, sólo TÚ PADRE BUENO Y AMOROSO ERES EL ÚNICO Y VERDADERO DIOS… a TI sea la GLORIA Y LA ALABANZA por los siglos de los siglos, AMÉN!

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