¿Está mi corazón en disponibilidad para recibir al Señor?

Me gusta la liturgia del Adviento, basada fundamentalmente en textos de los profetas del Antiguo Testamento, que nos recuerdan que el Señor vendrá a salvar a los pueblos y hará oír su voz majestuosa para dar gozo a nuestro corazón. No sólo es una idea hermosa. Me permite entender que el Adviento surge con la creación del mundo cuando Dios se revela a sí mismo como El que se complace haciendo el bien. Porque Dios es amor. No hay donación más grande, auténtica y generosa, además de la entrega en la Cruz, que la Creación del mundo. Es un gesto de verdadero amor que pocas veces somos capaces de valorar.
La Creación es un regalo para todos en el que Dios se da Sí mismo. Por eso, como ser creado por Él estoy llamado a mantener una relación de familiaridad con Dios, a tener un encuentro íntimo con Él, una relación de amistad con Él. Dios, que es Padre bondadoso y lleno de misericordia, quiere mi cercanía. Desea hacerme partícipe de todos sus designios y propósitos. Anhela que yo, como hombre que Él ha creado, sea por encima de todo un ser feliz. De ahí que sea tan necesaria Su Venida y mi disponibilidad para acogerle con un corazón abierto.
Adán y Eva rompieron esa cercanía y esa disponibilidad con Dios, pero Él prosiguió en su empeño en salvar a las criaturas que había creado. Y la gracia de Su Amor no dejó de fluir. Es por ello que desde el inicio de la Creación cada año se celebra el Adviento porque el anhelo de Dios es que todos los hombres se salven y conozcan la verdad. Ese es el querer de Dios y ese querer es precisamente el Adviento en el que transitamos estos días. ¿Pero está mi corazón en disponibilidad para recibir al Señor? ¡Aquí radica la cuestión!

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¡Gracias, Padre Nuestro, por la Creación! ¡Gracias porque has creado la luz, el sol, el agua, los ríos, las plantas, los árboles, los pájaros y los animales, las montañas y los valles! ¡Gracias, Señor! ¡Gracias, Padre bueno, porque has creado a los hombres semejantes a Ti! ¡Gracias, Padre, porque nos das la posibilidad de ser felices y de disfrutar de tanta belleza! ¡Gracias, Señor, porque en este tiempo de espera ya te acercas para darnos esperanza y vida nueva! ¡Te alabo, Padre bueno, y te bendigo! ¡Ayúdame, Padre, a seguir el ejemplo de la Virgen, y vivir generoso en la entrega, a escuchar siempre tu Palabra, a practicar sin descanso las enseñanzas del Evangelio, a ser amable y caritativo, a ofrecer mi vida por los demás! ¡Gracias, Dios mío, por lo mucho que me quieres! ¡Ayúdame, Espíritu Santo, a escuchar siempre los susurros de Dios en el fondo de mi corazón! ¡Ven, Señor, a mi vida!

Ven, Señor, Jesús cantamos en estos días de Adviento:

AnoDeLaMisericordia
Año Santo de la Misericordia

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