¿Te duelen las críticas?

Llamo el viernes a un amigo para hablarle con franqueza. Ha publicado en Internet un comentario a un artículo con su nombre y apellidos, lo que le honra. Su texto es equilibrado en el fondo, porque la razón le asiste; objetivable en la forma porque sus palabras hieren a los ojos de la misericordia.
La conversación se alarga porque surgen temas nuevos y porque el diálogo con él siempre es interesante. No estamos acostumbrados a decir a las personas que queremos lo que realmente pensamos. Tememos que se hieran… y nos rechacen. Recientemente me ocurrió con otro amigo. Me dolió la verdad de lo que me contaba pero abajando mi soberbia, allanó el camino de mi humildad adormecida.
A los amigos hay que hablarles con franqueza. Con frecuencia sucede que se aprenden más cosas de uno mismo por las personas que no nos quieren bien que de los amigos más cercanos. Porque estos nos complacen y satisfacen con su aprecio y su estima, mientras los que discrepan de nosotros y son nuestros contrarios ponen al descubierto con sus críticas y sus comentarios la debilidad de nuestras obras y nuestro carácter.
El conocimiento de uno mismo es como el arte de la filigrana, un trabajo que exige destreza y pericia. Y además de difícil, resulta algo incómodo. Conocerse a uno mismo es acogerse íntimamente; convertirse en amigo pero no cómplice, maestro pero no déspota. Tal vez el lugar más adecuado para hallarlo, además de la oración, es en la crítica ajena, especialmente si viene del adversario porque de ella se obtienen frutos y resultados valiosos para el alma no para recrearse en la debilidad ni en la triste situación por la que uno camina.
¡Cuánta humildad se requiere para aceptar las críticas! ¡Pero qué grandeza es saber recibirlas! ¡Gracias, Señor mío, por los que se atreven a criticarme. Me ayudan a conocerme mejor, a crecer en virtud y a mejorar como persona!

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¡Espíritu Santo, ayúdame a identificar bien los rasgos de mi carácter, de mi manera de ser, con mis aciertos y errores, fortalezas y debilidades, virtudes y defectos, posibilidades y limitaciones! ¡Ayúdame a distinguir bien los sufrimientos padecidos, los sufrimientos buscados, los sufrimientos deseados y los sufrimientos no comprendidos! ¡Ayúdame, Espíritu de Dios, a diferenciar las alegrías merecidas de las nos merecidas, las buenas y perdurables de las negativas y perennes! ¡Ayúdame, Espíritu divino, a acordarme de mis fallos mas frecuentes para no volver a caer en ellos! ¡Y tu, Señor, que me conoces hasta el fondo y sabes lo que hago, dame la humildad necesaria para hacer siempre autocrítica, para corregirme con valentía, para hacer cada día un examen de conciencia sincero y auténtico con el que pueda cada noche cerrar los ojos habiéndome reconciliado con tu persona! ¡Señor, Tú conoces mis debilidades y me alegra porque las conoces mejor que yo mismo! ¡Sabes, Señor, de mis buenas intenciones, de mis buenos propósitos pero también de orgullo, de mi genio, de mi soberbia y de mi oposición constante! ¡Y a pesar de todo tengo los flancos de mi carácter al descubierto! ¡Cúbreme, Señor, para que no sean necesarias las críticas porque con tu ayuda trato de cambiar mis debilidades y caídas! ¡Ábreme los ojos para que vea mis imperfecciones porque parece que soy el único incapaz de verlas! ¡Señor, dame la gracia de perdonar de corazón, la gracia de aceptar la crítica y valorar cuando me corrijan!

En el camino hacia la Navidad Coldplay nos presenta Christmas Lights:

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