Dar fosforescencia a la vida

Me desperté ayer con un correo electrónico muy cariñoso de un buen amigo. La amistad verdadera se asemeja a las luciérnagas, resplandecen cuando cae la noche y la oscuridad nubla el día. Una de las grandes fortunas del hombre es contar con muchas luciérnagas alrededor dando fosforescencia a la vida. Termina mi amigo su correo con esta frase: “La providencia está de tu parte”.
Nos hemos convertido en personas muy racionales, calculadoras, ponderando con precisión cada uno de nuestros pasos para que no peligren nuestras conveniencias mundanas y nuestra comodidad. En cierta manera demostramos poca confianza en el Señor.
Imagino a san José, al que tanto quiero, haciendo sus propios cálculos y previsiones. ¡Qué debió pensar cuando su planes tuvieron que modificarse con el inesperado censo ordenado por Herodes en Jerusalén, con la imposibilidad de encontrar un lugar digno para que María diera a luz, con la precipitada huida a Egipto y el retorno sin gloria a Nazaret! La vida de san José es el ejemplo más elocuente de cómo actúa la providencia de Dios.
Lo he experimentado en mi propia vida. Aunque luchemos contra ello, sólo Dios tiene el control absoluto de nuestro destino personal, familiar, profesional, matrimonial, social… ¡Si ni siquiera san José pudo controlar su propio destino! Cada vez que la providencia de Dios actúa en nuestra vida nos posiciona en nuestra auténtica realidad de hijos de un Dios que se desvive por nosotros, está pendiente de nosotros y controla las circunstancias favorables y adversas de nuestra vida.

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¡Señor, pongo en tus manos todo lo que me suceda hoy y siempre! ¡Confío, Padre, en que todo lo que acontezca en mi vida estará previsto por ti y lo habrás ordenado en la eternidad! ¡Me someto a tus designios, Señor, como hicieron san José y la Virgen y los acepto con amor! ¡He aprendido, Padre amoroso y bueno, que la espera paciente en Ti trae siempre grandes alegrías y dones inesperados porque Tu nos conduces con dulzura en el camino de la vida! ¡Señor, de Tu mano no quiero inquietarme por las dificultades de la vida, por las decepciones, por mi porvenir más o menos sombrío! ¡Señor, quiero lo que Tú quieres! ¡Te ofrecezco, Señor, en medio de las inquietudes y las dificultades el sacrificio de mi alma pequeña y sencilla y acepto, pese a todo, los designios de Tu misericordiosa providencia! ¡Señor, y no me importan mis fracasos si Tú, mi Dios, me consideras plenamente realizado a su gusto! ¡Me pierdo en Ti, Señor, y confío plenamente en Ti que me quiere para Tí y que llegas a mi corazón aunque tantas veces soy incapaz de verte por mi ceguera!

Hoy, la Sonata Walstein, op. 53 con Claudio Arrau.

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Un comentario en “Dar fosforescencia a la vida

  1. Feliz y bendecido día!

    Cuán fácil es para nuestro AMADO PADRE CELESTIAL poner en orden nuestras vidas, porque aún cuando nos susurra al oído que todo está y estará bien, nos dejamos llevar por lo que nuestros sentidos y percepciones permiten asomar, y he aquí que recurrimos a mensajes externos para aclarar el enredo que se arma en nuestra mente.
    …Y entonces recordamos su PROMESA, y sabemos que ÉL es un PADRE justo y bueno, sabio y perfecto, que no le dará jamás una piedra al hijo que le pide un PAN, o si le pide un pescado acaso le dará una serpiente (Lucas 11:11)

    Conclusión: permanezcamos entonces en la FE, LA ESPERANZA Y EN EL AMOR… y recordemos siempre su PALABRA SAGRADA:
    Hebreos 11:1
    11 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

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