Exteriorizar la alegría

En la entrada de una tienda, escrito con letras rojas sobre un trozo de madera, leo este proverbio oriental: “Cuando estás triste no serás capaz de ascender ni una colina; pero si estás alegre, no se te resistirá ni la montaña más alta”. Prosigo mi camino, pensando en esta frase que la dueña de la tienda ha colocado en el escaparate invitando a la alegría cotidiana.
No hemos de conformarnos con sentir alegría, hemos de exteriorizarla. La alegría es un regalo de Dios. Hay que aprender a utilizarla, conservarla, expandirla y regalarla. La alegría está en todas partes.
Y, ahora, que esperamos con alegría la inminente llegada de Cristo en Belén, nuestra alegría tiene que ser más intensa en estos días porque sabemos que Dios está cerca; tomará nuestra condición de hombres para, menos en el pecado, ser uno más de nosotros.
El horizonte de la vida cristiana no está exenta de experiencias dolorosas, de pruebas, de sufrimiento, de rechazo, de dificultades, de incomprensiones, de dolor y de conflictos. Pero en medio de todas las pruebas hay que saber conservar el dinamismo de la alegría, porque es mucho más que un sentimiento fugaz, es un estado permanente del espíritu que nace de la fe y del compromiso con Cristo. La alegría es el canto de un corazón lleno de Dios.

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¡Señor, quiero estar alegre, pero a veces los problemas y las tribulaciones me consumen, concédeme tu gracia para tener siempre mi corazón en paz, alegre y radiante en amor! ¡Jesús, maestro bueno, que mañana te harás presente en Belén, quiero seguir tus pasos! ¡Dame tu Espíritu para aprender a vivir siempre alegre y feliz! ¡Quiero levantarme cada mañana alabándote y dándote gracias por todo lo que me regalas cada día, para descubrir Tu presencia en cada instante de mi vida y vivir en la alegría del encuentro y la alabanza! ¡Enséñame, Señor, a vivir con alegría los hechos cotidianos de mi vida! ¡Envía tu Espíritu para que no ve venza el desaliento, para que no pierda la esperanza, para que la rutina del día a día no aminore mi fe, para que no pierda la capacidad de asombro ni de sorpresa ante las cosas en aparencia pequeñas que realizas en mi vida! ¡Envíame tu Espíritu, Señor, para encontrar todos los días los rastros visibles de tu caminar en mi vida! ¡Ayúdame, Señor, a vivir una fe alegre, serena y comprometida, que no se oculte ante las pruebas y se empequeñezca ante las adversidades! ¡Dame la alegría, Señor, de anunciar y vivir los valores del Reino aunque produzcan incomprensión y soledad! ¡Descúbreme, Señor, la alegría de quienes dieron la vida por el Evangelio! ¡Dame tu Espíritu, Señor, para aprender a vivir con alegría y transmitiendo alegría!

Pues nada mejor para acompañar esta meditación sobre la alegría que este preludio BWV 734 de Bach Nun freut euch, lieben Christen (Alegraos, queridos cristianos) en una magnífica grabación de Vladimir Horowitz:

Un comentario en “Exteriorizar la alegría

  1. La alegría está en el corazón
    De aquel que conoce a Jesús
    La verdadera paz la tiene aquel,
    Aquel que tiene a Jesús,
    El sentimiento más precioso que viene de
    Nuestro señor,
    Es el amor que solo tiene el que ya,
    Conoce a Jesús
    Aleluya, aleluya
    Aleluya.

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