¿Cuál es mi estado espiritual al recibir a Jesús en la Eucaristía?

Me hago esta pregunta con frecuencia meditando cuál sería el de la Virgen María en el momento de la Anunciación. En este cuarto sábado de diciembre, al día siguiente de que María haya dado a luz en Belén, contemplando y siguiendo a Nuestra Madre, Ella que tuvo en su seno al Hijo de Dios, puedo tomarla como ejemplo para comprender cómo debo yo recibir a Jesús en la comunión eucarística.
La respuesta es sencilla. Con fe, esperanza, alegría y pureza de corazón. Lo mismo que sucedió el día que el mensajero de Dios, el ángel san Gabriel, llevó a cabo la Anunciación y le anunció a la Virgen la Buena Nueva de que el Espíritu Santo descendería sobre Ella y el poder del Altísimo la cubriría con su sombra para advertirle a su vez que lo que naciera de su seno sería santo y llamado Hijo de Dios. Y María, en su humildad y sencillez, exclamó llena de gozo: «He aquí la esclava del Señor; ¡Hágase en mi según tu palabra!». Emociona sólo de pensarlo.
Por tanto mi estado espiritual debe estar lleno de fe, de fe en la Palabra de Dios que en boca del ángel nos hace comprender que Jesús fue encarnado en el seno de una joven humilde de Nazaret y que prolonga la Encarnación en el altar eucarístico durante la Santa Misa.
Y también de esperanza, esa esperanza que es una anticipación de la vida eterna aquí en la tierra.
Y alegría por sentir que la existencia de Dios es verdadera y que ese Dios que se encarnó en el seno de la Virgen anhela habitar mi corazón en cada comunión si lo recibo con fe y esperanza.
Y pureza de corazón necesaria para recibir a Dios y dejar a Cristo hospedarse en el interior de mi corazón, limpio de pecado y de iniquidad. Y, cada día, al recibir a Jesús Eucaristía tendré presente el estado espiritual de María Santísima para pedirle la gracia de recibir a su Hijo en cada comunión, con la misma fe, la misma esperanza, la misma alegría y la misma pureza de corazón con que lo hizo Ella.

000000

¡María, tu sabes que hay momentos en los que todo me desborda, que no puedo más, que no encuentro salida, en que la tristeza se apodera de mi, que todo es difícil… pero surge una luz! ¡Es la luz de Tu Hijo, Jesús que despierta en mi una nueva ilusión, una alegría renovada, que da fuerzas a mis desesperanzas y ganas de luchar para salir adelante! ¡Y, María, puedo sentirlo en mi corazón porque se hace presente en la Eucaristía! ¡Gracias, María, por tu fiat! ¡Gracias, María, por haber encarnado al Hijo de Dios, que en la Eucaristía se convierte en Pan Vivo bajado del Cielo! ¡Y, a Ti, Señor, gracias, por estar siempre conmigo! ¡Gracias Señor, porque en la Eucaristía me unes a tu vida en la medida en que yo estoy dispuesto a entregar la mía! ¡Y hoy, Señor, en el día de san Esteban, el primer mártir que no se avergonzó de su fe cristiana y derramó su sangre por Ti, te pido por todas las personas que viven situaciones difíciles y por las familias que están pasando por situaciones complicadas! ¡Te misericordia de todos ellos, Señor!

Adoremus in Aeternum para acompañar la meditación de hoy.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s