Un nuevo capítulo de mi vida

Esta última noche del año escribiremos un capítulo más en la historia de nuestra vida. Lo que hayamos redactado con absoluta libertad en las páginas de este libro, en la que nosotros somos los únicos protagonistas, no podremos borrarlo. Dios nos lo entregó para que lo fuéramos cumplimentando y como cada año nuestras notas diarias habrán dejado su impronta. En lo escrito no caben borrones ni enmiendas. No es posible corregir nada. Ahora, esa parte del libro sólo pertenece a Dios… y a nuestra conciencia. Este capítulo de nuestra vida forma parte de la eternidad. El día del juicio final lo releeremos juntos, Dios y cada uno de nosotros, con todas sus consecuencias.
Antes de que concluya el año es la oportunidad de sentarse frente al Señor, con el libro abierto en el capítulo “2015”. Habla de nosotros mismos. De nuestra historia, la que nosotros hemos escrito personalmente. Es recomendable leerlo despacio, en conciencia. Saborear los momentos alegres y dar gracias por ellos. Recordar las páginas más amargas y dolorosas, y elevar también nuestras gracias al Padre. Deleitarse con los pasajes más hermosos y tratar de corregir en nuestro corazón aquello de lo que nos arrepentimos.
Las páginas que hay que leer con más atención son aquellas de las que no nos sentimos orgullosos. Las que más duelen. Las que más nos avergüenzan. Las que nos producen dolor. Intentar arrancarlas es inútil. Serán sustituidas por las nuevas páginas que escribamos en el año que comienza.
Es el momento de recrearnos también con aquellos pasajes en los que el Señor está presente. ¡Que bellas son las escenas en las que Dios se nos muestra con su amor y misericordia!
Cuando decidamos cerrar el libro, tomémoslo entre las manos y entreguémoselo al Padre pronunciando tan sólo dos frases muy simples: “Gracias, Dios mío” y “Perdón, Padre bueno”. Dios, que es amor, siempre perdona y abre nuevos caminos a nuestra esperanza. Y nos permite escribir con toda libertad un nuevo capítulo de nuestra vida. Si lo que escribamos va acompañado de su mano y de su corazón tal vez al final del año que comienza nos sintamos orgullosos de nosotros mismos. Para ello, la primera frase de este nuevo capítulo podría ser esta: “Jesús, José y María os doy el corazón y el alma mía”.

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En cualquier caso, Padre mío, ¡te pido que me llenes de tu bondad y de tu alegría, de tu claridad y sabiduría, de tu amor y tu misericordia, de tu bondad y tu optimismo, de tu fuerza y tu prudencia, de tu magnanimidad y tu clarividencia para iniciar el año nuevo con energías renovadas! ¡Regálame un año feliz y enséñame a repartir felicidad!

¡FELIZ AÑO A TODOS LOS LECTORES DE ESTAS MEDITACIONES!

Hoy escuchamos la Cantata BWV 171 de Juan Sebastian Bach para el año nuevo:

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