¿Es posible la esperanza sin fe?

Recomiendo un libro bellísimo, intenso, profundamente espiritual, finito. Pórtico del misterio de la segunda virtud es obra de Charles Péguy (1873-1914), uno de los grandes pensadores católicos de todos los tiempos, uno de esos personajes geniales que surgieron cuando el cristianismo reculaba ante el frentismo de las nuevas ideas. Péguy, nació en una familia católica, se alejó de la Iglesia, apagó su fe, abrazó el socialismo, y cuando conoció al gran Jacques Maritain regresó de nuevo el cristianismo con una fe renovada. Aunque le costó cruzar el pórtico de la Iglesia.
En esta obra poética desde el punto literario y esperanzadora desde el primero al último pensamiento, Péguy hace hablar a Dios de la manera más hermosa que el hombre pueda concebir. Una frase resume la grandeza de esta obra: “La fe que más me gusta, dice Dios, es la Esperanza”. La Esperanza, una de las tres virtudes teologales sobre las que se cimienta la catedral del alma humana.
La esperanza es lo que mantiene vivo el corazón del hombre. ¿Es posible la esperanza sin fe? ¿Es posible la esperanza con una fe rutinaria y anodina? ¿Es posible la esperanza sin una fe que llegue a lo más profundo del alma humana?
Lo responde Péguy en una bellísima poesía que escribió algunos años antes de escribir este Pórtico:
«No me gustan los beatos; los que porque no tienen la fuerza de ser de la naturaleza, creen que son de la gracia; los que creen que están en lo eterno, porque no tienen el coraje de lo temporal; los que porque no están con el hombre, creen que están con Dios; los que creen que aman a Dios simplemente porque no aman a nadie».
Una fe que no ayude al hombre a alcanzar la felicidad y la esperanza no es digna del hombre y es ajena al proyecto que Dios tiene para cada uno de nosotros.

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¡Señor, dame un fe plena, libre, cierta, alegre, humilde y activa! ¡Señor, dame una fe sin reservas que penetre en mi interior para aceptar las renuncias y los deberes de mi vida cristiana! ¡Señor, dame la coherencia para acoger en mi corazón los dones del Espíritu Santo! ¡Señor, dame fe para que no tenga miedo a enfrentarme a los problemas que atenazan mi vida y que me ayude a aceptar tu voluntad! ¡Señor, dame fe para sosegar mi espíritu y lo disponga a la oración contigo! ¡Señor, dame una fe coherente que no tenga presunción ni orgullo frente a los que no creen sino que sea testimonio de amor, caridad y entrega!

Sólo en tí, Jesucristo, reside mi esperanza (Allein zu dir, Herr Jesu Christ) titula J. S. Bach su Cantata 33 que hoy os presento:

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