¿Soy un cristiano veleta?

Uno de mis hijos tiene que construir una veleta como actividad de ciencias. Le ayudo y hacemos correr la imaginación para que, además de bonita, se mueva realmente según cambia el viento. El viento no escucha, sopla a conveniencia venga del sur como del oeste.
También las personas actuamos como veletas abonados a la conveniencia, al relativismo de la cultura light, a la inconstancia, al mimetismo con el “yo, mi, me, conmigo”, a la dictadura de las modas, a la tiranía de las ideas vacuas, al oportunismo de donde puedo sacar mejor tajada… Eso provoca falta de autenticidad a la que uno acaba acomodándose. De aquí surge la ausencia de verdad, de disciplina, de inconstancia, de lealtad, de verdad, de buena educación, de esfuerzo, de respeto… Hoy se está aquí defendiendo a capa y espada la verdad… Mañana, sin embargo, se defiende lo contrario con el mismo o mayor apasionamiento. Al final la razón asiste siempre.
La consecuencia de todo esto es que vivimos de sentimientos más que de vida interior, de racionalismo que de fe, de yoísmo que de servicio y eso provoca el sometimiento de la mente y el corazón a lo que sucede en torno a los sucesos de la vida.
Para edificar bien hay que hacerlo sobre roca firme. Por tanto, sin solidez interior es más sencillo caer en el pecado, la desidia, la falta de autenticidad, la injusticia… La virtud gusta de corazones limpios, sanos y firmes con convicciones sólidas bien arraigada por la fuerza del amor. Eso es incompatible a vivir como veletas.
No podemos vivir como espectros humanos con automatismos para sobrevivir alejados de la verdad creando relaciones que si se rascan ligeramente muestran un gran hueco interior.
La verdad del Evangelio se cimienta solo sobre roca firme, que habla de valores auténticos. Cuesta, pero no compensa ser una persona veleta porque sus valores se los lleva el viento, sus principios fácilmente manejables tienen un alto precio porque el fin siempre justifica los medios.
Los cristianos hemos de ser gentes con criterio claro, bien formados, congruentes, con las ideas y el camino claro, capaces de construir y crear, que aporten, con valores morales innegociables y valientes para decir que «¡no!» cuando corresponda. ¡Qué pena pensar que pudiera ser un cristiano veleta, presa de donde sopla el viento!

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¡Espíritu Santo, ayúdame a ser un cristiano auténtico y no una veleta que se mueve según los condicionamientos de los círculos en los que me muevo! ¡Que sea capaz siempre de defender la Verdad del Evangelio! ¡Ayúdame a ser alguien auténtico y no una persona pragmática, fría, deshumanizada, manipulable, banal o sin opinión propia! ¡Ayúdame, Espíritu Santo, a tener como referente al Dios verdadero y no crearme dioses a medida! ¡Envíame tus siete dones, Espíritu de Dios, para convertirme en alguien sembrado de bien, siempre libre, que busque siempre lo mejor, noble en sus actos, amante de la verdad, que sepa establecer siempre una jerarquía de valores según la verdad del Evangelio! ¡Ayúdame a hacer siempre la voluntad de Dios por amor y no por temor e imitar siempre a Cristo con conciencia recta y profunda alegría! ¡Ayúdame a permanecer siempre fiel y vivir con autenticidad mi fe cristiana en pensamientos, palabras y obras! ¡Te pido, Padre, que me concedas la gracia de ser honesto y humilde para que nunca permitas que me separe de Ti ni desconfiar de Tu amor!

Disfrutamos hoy con la canción The love of God (El amor de Dios):

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