¿Por qué cuesta trabajar la fidelidad a Dios?

Tengo un amigo apasionado por la jardinería. Los fines de semana dedica horas a cuidar su jardín, trabajar la tierra, plantar nuevas flores, mimar las que ya tiene, cortar el césped… Recuerdo una frase suya cuando me explicaba que un rosal que había plantado junto a la terraza no tenía la hermosura que esperaba: «La que no se planta es la única semilla de la que puedes estar seguro no dará ningún fruto».
Los hombres estamos en esta vida para dar frutos. En ocasiones podemos creernos tan insignificantes y pequeños por lo que somos o tenemos que pensamos es innecesario plantar nuestros dones para obtenerlos. Ocurre con frecuencia que, para lograr algo, merman las fuerzas, los recursos para salir adelante son exiguos, el ánimo está por los suelos. Pero, acaso ¿no luchamos denodadamente cuando algo nos interesa especialmente y deseamos alcanzarlo? En este caso ponemos todo el empeño, toda la ilusión, todo el esfuerzo, incluso aquel que merma en otros momentos. Vivimos con la daga de la inseguridad pendiendo sobre nosotros, abonados a la falta de confianza en nuestras propias capacidades, con una fe tibia para fortalecer nuestra debilidad… todo ello ralentiza la consecución de las cosas positivas que pueden sucedernos e, incluso, frena nuestro propio desarrollo como personas. Somos como esas semillas que quedan en el bolsillo del jardinero. Como no se plantan, nunca darán el fruto deseado.
Pero Dios, que no pretende fortalecer a los poderosos, sino a los débiles, a los que tienen fe y esperanza, pretender transformar esta idea y cambiar profundamente estos términos. En el vocabulario de Dios cuando las cosas se ponen difíciles el «No puedo» es un concepto inimaginable porque en la dificultad Él utiliza términos tan hermosos como fidelidad, paciencia, perseverancia en el bien, fe, confianza… Todas estas palabras reflejan la imagen de Dios y todas ellas forman un círculo y se necesitan mutuamente. ¿Por qué no confiar en esa promesa tan veraz y hermosa del «Yo, soy el Señor, lo que he dicho lo cumpliré»? ¡Pero si Dios es el Dios que da vida y hacer florecer a los árboles secos! ¡Pero sí sólo el Espíritu de Dios da vida y eficacia a los esfuerzos de los hombres! ¡Pero si Dios es fiel desde la eternidad hasta la eternidad porque es parte de su identidad y ninguna circunstancia le hará cambiar!
La fe y la confianza tienen como columna la fidelidad a Dios. ¿Por qué entonces desconfiar de mis propias fuerzas y desconfiar de Dios? ¿Por qué me cuesta tanto cultivar mi fidelidad a Dios, alabarlo cuando todo me va bien y alejarme de Él cuando las cosas no surgen como yo espero? ¿Por qué desafío su fidelidad? ¿Por qué no soy capaz de trabajar mi fidelidad a Dios a base de paciencia, de amor, de entrega, de esfuerzo, de compromiso y en cambio me abono a la tentación del abandono y de creer en mis propias fuerzas?
Si la única semilla que fructifica es aquella que viene de Dios. ¿Por qué entonces empeñarme en no sembrar a sabiendas de que mi semilla no va a dará los frutos deseados?

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¡Quiero expresarte hoy, Señor, mi amor de hijo que se siente feliz, abandonado en el amor de su Padre! ¡Quiero hablarte y decirte cosas sencillas! ¡Quiero que Tú seas el sembrador de mi vida! ¡Señor, sabes las veces que me complico las cosas sin darme cuenta de lo sencillas que son! ¡Que tu amor sea correspondido con el mío! ¡Que tu amor, Padre, produzca en mi y en los que me rodean frutos de amor; que tu amor, nos ilumine el camino de la vida! ¡Haz mi corazón sencillo para que pueda entrar en tu Reino! ¡Señor, eres el mejor jardinero porque tu jardín es mi comunidad de fe! ¡Planta en nosotros la semilla de tu amor y danos un corazón abierto, generoso, servicial, amoroso para que sea tierra fértil para recibirlo! ¡Cultiva en nosotros, Señor, los valores de Tu reino para que crezcan firmes y sólidos! ¡Jesús, dame tu luz y el agua viva de tu Espíritu! ¡Enséñanos a cultivar mi jardín, a quitar las piedras que impiden que crezca la semilla de mi fe y que tu mensaje eche raíces en mi corazón! ¡Señor, soy una creación tuya! ¡Vive dentro de mí, Señor, permite que Tu Palabra y la semilla de Tu Evangelio florezca y dé frutos! ¡Gracias, Señor, por tanto amor y misericordia!

El jardín, una hermosa canción de Jesús Adrián Romero:

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