¿Soy consciente de lo que quiere Dios de mí?

La respuesta me ha llegado súbitamente, al abrir la Biblia para buscar una palabra. Mi mirada se dirige hacia un versículo muy breve, pero profundo del Libro de los Proverbios: «Dame, hijo mío, tu corazón y miren tus ojos mis caminos» (23:26). Eso es lo que desea Dios, que entregue mi corazón. También quiere que con frecuencia viva, proceda y me conduzca con probidad; que demuestre respetabilidad; que no se me hinche el corazón cuando mis virtudes y mis acciones me lleven a hacer el bien; a servir sin esperar nada a cambio; convertirme en un humilde modelo con mi testimonio… Pero eso no es lo importante. Dios quiere, por encima de todo, mi corazón. Mi ser verdadero. Que ame de verdad, que ame con infinita misericordia, que ame con celo cristiano… que al que yo ame pueda tomar prestado mi corazón.
Este es el camino. Complejo pero certero. «Dame, hijo mío, tu corazón». ¿Pero cómo te lo voy a dar, Señor, si la mayoría de las veces miro hacia mi mismo y no mira hacia Ti? Pero aquí reside la grandeza. Dios me pide que le entregue mi corazón y éste se regocija al recibir su gracia porque ésta se desprende a raudales sobre aquel corazón que lo busca. Entonces, el corazón se llena de alegría, se siente libre de todas las ataduras que alejan de Dios y que impiden vivir con sinceridad estando en disposición de poder entregar o acoger todo aquello que el Espíritu desea de mí. Entregando mi corazón a Dios mis latidos me hacen consciente de que no actúo según mi voluntad, soy realista ante la verdad de mi vida y es imposible creerse mejor que los demás.
Dando por completo mi corazón a Dios mi vida se llena de confianza, de seguridad, de necesidad de Él, con anhelo para tener como ejemplo a Jesús, mi hermano e hijo de Dios, cuyo corazón también me espera con impaciencia.
«Dame, hijo mío, tu corazón». ¿Pero cómo te lo voy a dar, Señor, si cada dos por tres la confusión me invade, los problemas me ahogan, las cosas no salen como las tengo previstas, me paso el rato amargado quejándome de lo que me sucede, contemplo pasar la vida viendo las circunstancias desde una perspectiva humana, incrédulo a los milagros que obras en mi vida? Ahora comprendo que si te entrego mi corazón todos mis esfuerzos tendrán un valor infinito porque me regocijaré en tu santa voluntad, la aceptaré con alegría, con sencillez, con gratitud y mucha humildad.
Entregando por completo mi corazón a Dios, ¡serás Tú, Señor, quien guíe mis pasos, aplacarás las tormentas de mi vida, apaciguarás las incertidumbres con Tu Palabra, como has hecho esta mañana, rebajarás los deseos de mi voluntad para hacer sólo la tuya y, sobre todo, aprenderé de nuevo a que mi corazón dé amor del verdadero.
¡Hoy, Señor, te entrego por completo mi corazón, y cualesquiera que sean las circunstancias de mi vida es para Ti! ¡Solo para Ti!

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¡Ya lo has escuchado, Señor, te entrego por completo mi corazón, y cualesquiera que sean las circunstancias de mi vida es para Ti! ¡Solo para Ti! ¡Te entrego mi corazón para que lo renueves y lo purifiques, para que lo vivifiques y lo transformes! ¡Te lo entrego para que lo cambies y no haya más sentimiento que Tu Amor! ¡Te lo entrego para que lo llenes de bondad, para que sea capaz de ver las cosas como Tú las ves, para que sea uno contigo! ¡Entrégate a mí como yo me doy a Ti, Dios mío! ¡Fortaléceme, Señor, que soy débil, con tu fuerza interior! ¡Llena mi corazón de ella! ¡Consuela mi corazón con tu paz y sáciame con la belleza de tu mirada! ¡Ilumina, Señor, mi corazón con la fuerza de tu luz para que sea capaz de irradiar a los demás! ¡Purifica, Señor, mi corazón con el halo de tu santidad para que yo pueda peregrinar hacia la santidad cotidiana! ¡Llena, Señor, mi corazón con el agua viva para que se inunde de tu gracia! ¡Te alabo y te bendigo, Padre de Misericordia, porque siempre me escuchas aunque mi corazón cerrado y desagradecido solo escucha aquello que es de su interés! ¡Tú me dices hoy: «Dame, hijo mío, tu corazón y miren tus ojos mis caminos»! ¡Señor, te entrego por completo mi corazón, y cualesquiera que sean las circunstancias de mi vida es para Ti! ¡Solo para Ti!

I heard the voice of Jesus say (Escucho la voz de Dios que habla) cantamos en este periodo cuaresmal:

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