Fijarse en la esperanza

Último sábado de enero con María en nuestro corazón. Ayer tuve el día quejoso, hasta que logré ponerlo todo en manos del Espíritu Santo y de la Madre. ¿Cuántas veces nos quejamos de que nos encontramos solos en la lucha diaria, que hay que parar muchos frentes, que tenemos muchos tropiezos y no nos quedan fuerzas? ¿Cuántas veces sentimos la presión de nuestras parajeas que quieren la inmediatez de lo nimio cuando en apariencia tenemos responsabilidades mayores? ¿Cuántas veces nos entra la tristeza y el desconsuelo por algún acontecimiento desgraciado que nos ha ocurrido, por ese contratiempo inesperado que hemos sufrido?
Somos por lo general quejicas. ¡Pero no somos conscientes de que si enfrentamos los problemas, si luchamos, si sufrimos… es Cristo quien afronta el problema, quien lucha, quien se esfuerza, quien sufre, quien trabaja en y con nosotros, porque con ese Cristo formamos un único cuerpo!
Y eso nos lo enseña María, a fijarnos en la virtud de la esperanza; a través de ella nos resultará más sencillo amar al Señor, sabiendo además lo generoso que es con nosotros.

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¡Señora, quisiera hacer como hacías Tú que mantenías la serenidad de espíritu, que no te inquietabas por las dificultades de la vida, por sus altibajos, por sus decepciones y por lo que los otros decían! ¡María, como Tú deseo lo que Dios quiere! ¡Quiero, Señora, ofrecerle en medio de las inquietudes y las dificultades los pequeños sacrificios de mi alma sencilla para aceptar alegre todo lo que la Providencia provea! ¡Quiero, Señora, como hiciste Tú a lo largo de la vida confiar ciegamente en el Dios que me quiere para Él y que se me presenta siempre de la manera más inesperada, como hizo contigo en la Anunciación! ¡Quiero sentir, como lo hiciste Tú, pensar que estoy en sus manos, fuertemente cogido, cuanto mayores son las dificultades y las tristezas! ¡Quiero como Tú, María, tener siempre un rostro que sonría, que conserva la serenidad y el amor en la mirada y tratar de contagiarme del Amor de Cristo! ¡Quiero llenarme, como te llenaste Tú, Madre, de la paz de Dios! ¡Quiero adorar al Señor como lo hiciste Tu y confiar, confiar siempre!

Hoy toca música del siglo XIII. Es una joya del Códice de las Huelgas dedicado a la Virgen: Maria Virgo Virginum.

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3 comentarios en “Fijarse en la esperanza

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