Cerca de Dios, en las alturas

El sábado volaba a gran altura en un viaje de varias horas. Desde la ventana del avión se tiene la impresión de estar inmóvil, suspendido por un hilo invisible. El espinazo de las montañas nevadas… El agua de tintes morados del Mediterráneo… Las casas diminutas de los diferentes pueblos que sobrevolamos… El escuadrón de nubes blancas que invaden el firmamento… El trazo tortuoso de las costas… Hay que viajar de vez en cuando para darse cuenta de la propia pequeñez asomado al mundo desde ese balcón real que es el avión. Hay que haber visto el mundo desde lo alto para comprender la miseria de nuestra nada, que escarba la tierra y edifica como cuevas de hormigas. Y como también nosotros estamos hechos para los espacios inmensos, los horizontes sin límites. En una palabra, para el infinito. Mientras rezo el Rosario desde la ventana del avión emerge un sol luminoso. Inmortalizo la imagen. Parto hacia un país musulmán, todavía en guerra, y parece como si Dios quisiera acompañarme. Y, de Jesús, su Hijo. Y, de María, de la que voy de la mano. Y los siento cercanos. Soy pequeño pero en la inmesidad del universo allí esta la fuerza de ese Dios creador que nos acompaña siempre, dándonos su apoyo, su amor y su cercanía. De Cristo, su Hijo, que me acompaña en el caminar de la vida. Y de la Virgen, la Señora que me cubre con su manto protegiéndome siempre.

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¡Bendito, seas Señor, por la belleza de tu creación y por tu compañía! ¡Gracias, Dios bondadoso, porque siento que dependiendo de Ti me siento libre! ¡Señor, que nunca tenga miedo a lo que me pides a través de las diversas circunstancias de la vida! ¡Que en cada acontecimiento, cada encuentro con alguien, cada dificultad, cada caída, cada alegría… encuentre tu voz, Señor, que me llama e invita a elevar la mirada al cielo y a adherirme a ti! ¡Que sepa comprender, Señor, que estoy creado por ti para alcanzar el infinito! ¡Te pido, Señor, de corazón que me permitas plantar en mi corazón la semilla del amor, del gozo, de la alegría, de la entrega! ¡Aumenta y fortalece mi fe! ¡Señor, sólo en ti está la paz y la esperanza; abro mi corazón y con agradecimiento te doy gracias por todo lo que me has dado! ¡Señor, gracias, porque me amas con un amor infinito! ¡Gracias, Señor, porque incluso te apareces en la luminosidad del sol del atardecer del día, al despuntar el sol por la mañana, en la oscuridad de la noche y en todos los momentos de nuestra vida! ¡Gracias, María, por tu protección consoladora!

Gloria a Dios en las alturas, cantamos hoy con Marcos Barrientos:

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