La Salvación llega con Jesús

Mi guía y traductor en Libia es musulmán. Hemos compartido muchas horas de coche, comidas, tiempos muertos y reuniones de trabajo. Ayer, al mediodía, antes de partir del país después de una semana me invita a acompañarle a una mezquita para hacer su plegaria. Es la hora en la que se reúnen los hombres en las mezquitas para, descalzos y orientados hacia la Meca, sobre una alfombra de vivos colores, seguir las plegarias del almuecín que proclama reiteradamente el credo de que «No hay más dios que Allah y Mahoma es su enviado». Me descalzo, entro en su interior y contemplo recogido y respetuoso en un rincón del edificio sus oraciones mientras rezo la Divina Misericordia. Los musulmanes no creen que Jesucristo sea Dios ni en su divina misericordia. Para ellos, sólo hay un Dios por lo que no aceptan la Santísima Trinidad, considerada una blasfemia contra Allah, el Único Dios. Y, por supuesto, Jesús es sólo un profeta anterior a Mahoma.
En el mundo musulmán Islam y política van de la mano. Para los cristianos la fe es una opción personal, es una gracia que se recibe de Dios. Durante estos días de intensa relación en la que he hablado mucho con él sobre cristianismo e islamismo he constatado que el hombre puede estar en relación con Dios mediante la oración, la fe, el deseo de hacer su voluntad, de amarla y agradarle con sus actos. Pero eso no ilumina las sombras de nuestras diferencias antagónicas.
Cuando le hablo a mi interlocutor de la Encarnación de Cristo me niega la relación de toda criatura con Dios. Es imposible que un ser superior pueda ser verdadero Dios y verdadero hombre. Cuando le comento que me preparo para vivir la Pasión de Jesús, mi guía trata de convencerme de que Jesús no murió en la Cruz. Quiere que entienda que es una mera ilusión pues, como profeta, la salvación no llega de Jesús. Cristo sólo vino al mundo a trasladar un mensaje pero a lo largo de la historia los cristianos hemos deformado su figura. Cristo no es el Hijo de Dios, es un mero hombre que padeció pruebas aunque como enviado de Allah no fracasó en su misión. Y, por supuesto, en Jesucristo no está la salvación pues no es más que un mediador entre los hombres y Dios. Y aunque coincidimos que Dios habla directamente al corazón del hombre, la manera de revelarse es muy diferente. Un musulmán cree que son los únicos que comprenden la doctrina y que son fieles a ella porque nosotros hemos falsificado la palabra de Dios.
Hay unos valores comunes entre los musulmanes y los cristianos, como que hay sólo un Dios, justo y misericordioso; para todos la oración es la base de nuestra vida, creemos en la limosna y el ayuno, en el perdón y la penitencia, y que al final de nuestra vida, Dios que conoce lo que anida en el interior de nuestro corazón, será un juez de misericordia y, tras las resurrección, unos uniremos a Él para alcanzar la felicidad eterna.
Pero pienso en Mahoma y pienso en Jesús. Y si pongo la mirada entre los dos, la obra, la figura y la persona de Jesús de Nazaret es la única que permite tener una estrecha relación y un conocimiento profundo, íntimo y personal con Dios y, sobre todo, una comunión de hijo con sus infinitos dones y gracias, por eso es mi Señor y Salvador. Aparte de la extraordinaria gracia del Eucaristía y el don inmenso de tener a María como Madre de todas las gracias. Podría enumerar cientos de razones más pero… ¡Qué hermoso es sentir que mi fe me permite una auténtica fidelidad con la Verdad!

¡Señor, Dios mío, elevo mi mirada al cielo y te bendigo y te alabo como Señor de cielos y tierra, de todo lo creado, de todo lo visible e invisible, Padre de Misericordia y de bondad, Señor misericordioso de toda la humanidad, de los creyentes y de los que no lo son! ¡Te pido, Dios mío, que nos ayudes a reconocerte de verdad como criaturas tuyas, hechas a tu imagen y semejanza! ¡Ayúdame a respetar siempre las tradiciones religiosas de los demás pero dame mucha firmeza en mis propias creencias! ¡Te pido, Señor, que la paz reine entre todos los hombres, que a sabiendas de que las diferencias se mantendrán siempre seamos capaces de aceptarnos unos a otros, profundizando en lo que nos separa con respeto, amor y generosidad! ¡Te doy gracias por habernos dado a Tu Hijo, Jesucristo, que por amor dentro de pocos días dará su vida por nuestra salvación! ¡Te pido, Jesús, la paz que emana de tu Evangelio y que el mundo es incapaz de hacer llegar por la dureza de nuestro corazón! ¡Envíanos tu Espíritu Santo, Señor, para reconciliar los corazones de la gente y de los pueblos y haz que irradie sobre todos el reino del amor! ¡Pero sobre todo, Señor, creo en ti, espero en ti, confío en ti porque sé que Tú estás con nosotros en todo momento y ocasión y eres el camino, la Verdad y la vida!

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