¡Qué difícil es todo!

«¡Qué difícil es todo! ¡Cuántos problemas! ¡Qué complicado es caminar por esta vida!» Son frases que pronunciamos en multitud de ocasiones. Hay infinidad de obstáculos que se hacen presentes en nuestra vida, numerosas trabas que nos llevan al derrotismo, a caer en el pesimismo. Hay momentos en que nos falta la energía para seguir adelante. Y, entonces, ¡qué bien nos viene disfrutar de la ayuda de ese familiar o de ese amigo! Es como disponer de una manta para cubrirte un día muy frío o disponer de una cantimplora con agua en mitad del desierto. ¡Qué serenidad es disfrutar de la cercanía de esa mano amiga que te ofrece su apoyo, una palabra de consuelo, un amén pronunciado al unísono, un golpecillo en la espalda de ánimo, una sonrisa llena de afecto, un silencio que no hiere, un abrazo sereno, una oración compartida, unas manos que se entrecruzan, unas lágrimas que se unen al caer al suelo… todo sin esperar nada a cambio! En ese momento las cosas se ven desde una perspectiva diferente. Es el saber que te lanzas al mar y que no estás nadando en solitario contra la corriente. El sentirse plenamente comprendido incluso cuando surgen las diferencias.
Sí, las cargas que se comparten con los seres queridos son menos pesadas. Cuando uno es capaz de empatizar con la persona que sufre y entregarse para ofrecer todo el apoyo que se nos reclama, conjugamos plenamente el amor de Dios. Cuando la necesidad ajena se convierte en una prioridad y nos mostramos dispuestos a lograr los recursos para serenar al que sufre, estamos proclamando vivamente la verdad del Evangelio. Mostramos los retazos de la misericordia que viene de Dios de la que somos y hemos sido afortunados receptores.
En cierta manera podemos vernos reflejados en el paralítico o en los porteadores que le llevan al encuentro con Cristo. Es todo una cuestión de fe. Llevar las cargas ajenas, descargar y volver cargar con ellas, llevarlas a los pies de Jesús y permitir que sea Él quien obre con todo su poder y su sabiduría es saber compartir la necesidad y sentirse prójimo.
Hay algo en lo que no caemos pero que tiene una importancia vital en nuestro testimonio cristiano y es que mi vida y tu vida puede ser, tal vez, la única Biblia que muchos de los que nos rodean lean en su vida.

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¡Señor, te necesito! ¡Necesito que te hagas muy presente en mi corazón! ¡Necesito que seas la luz que ilumina mi entendimiento, que transmita amor en mis relaciones con los demás, que dé sabiduría a todas mis decisiones! ¡Señor, confío en Ti! ¡Confío en ti y deposito en Ti mis esperanzas para que no quepa en mi corazón ni el miedo ni se haga acomodo el mal! ¡Señor, que no tema las dificultades! ¡Que no me superen los problemas que me vencen a diario! ¡Me postro ante Ti, Señor, y reconozco mi pequeñez y mis miserias, y te pido que renueves con fuerza mi espíritu cristiano! ¡Señor, lléname de tu gracia y de tu presencia para llenar los muchos vacíos de mi ser! ¡Borra de mi corazón las preocupaciones, las confusiones, las tristezas, las preocupaciones! ¡Renuévame y transfórmame, Señor, con tu Santo Espíritu! ¡Ayúdame a mantenerme cada día fiel a Ti porque Tú eres el único que nunca falla! ¡Renúevame y transfórmame, Señor, con tu Santo Espíritu, y toma mi corazón y mi menta para convertirme en un verdadero y fiel discípulo de tu amor! ¡Acércate a mí, Señor, para que pueda vivir siempre en comunión contigo! ¡Para que mis caídas y mis faltas no me alejen de Ti! ¡Creo en Ti, Señor, y confío en Ti! ¡Toca mi pobre corazón, Señor, y sánalo para llenarlo de amor y liberarlo de todo aquello que me inquieta! ¡Confío en Ti, Señor, porque Tú eres mi fortaleza! ¡Sopla, Espíritu Santo, con fuerza, sopla el viento de las bendiciones de Dios para que me ayudes a crecer y dar testimonio auténtico de tu amor entre los que me rodean! ¡Renuévame y transfórmame, Señor, y muéveme para que tu Santo Espíritu aquiete mi vida cuando los problemas aparezcan y mis fuerzas desfallezcan y me cueste rezar! ¡Te amo, Señor, y confío en Ti! ¡Confío, Señor, que estás rompiendo todo aquello que aprisiona mi corazón y que me tiene atado a la desesperanza! ¡Y a Ti, Padre Dios, que eres tan grande, tan lleno de amor, tan misericordioso, tan poderoso, que eres capaz de todos los imposibles, cambia mis amarguras y dificultades y transfórmalas en momentos de alegría y en una gran oportunidad!

Del maestro checo Antonín Tučapský escuchamos hoy su Pater mi, obra profundamente cuaresmal basada en el texto del Evangelio de Mateo en el que Jesús le pide a Dios que aparte de Él el cáliz de la muerte.

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Un comentario en “¡Qué difícil es todo!

  1. Con el Amigo las penas se hacen pequeñas y se multiplican las alegrías. El amigo es el espejo del Alma.
    Jesucristo es el Gran amigo verdadero que nos ama tanto que quiere que le entreguemos hasta nuestras miserias. Las exige y nosotros, cuando al fin aprendemos a amarle, a pesar de la enorme vergüenza que sentimos, se las entregamos…y nos dejamos ir como cuando un niño que aprende a andar se suelta de donde se agarra para ir al encuentro impaciente de su ansiada madre. Y entonces nosotros sentimos su abrazo y alegría y podemos al fin descansar confiados…cerca de su corazón.

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