¿Soy también un traidor a Jesús?

Martes santo. Día de intenso dolor, de angustia profunda, de soledad desgarradora y de abandono absoluto. Jesús se siente profundamente solo, su corazón está lleno de angustia y se siente dolorido y angustiado. El camino que le llevará a la Cruz está ya cercano. El Señor es consciente de que será traicionado por Judas cuyo corazón resentido tiene un precio: treinta míseras monedas de oro. Horas después de que Judas unte el pan en la misma copa que Cristo, Jesus ora al Padre en el Huerto de los Olivos. Es tremendo contemplar como con la entrega de Judas y la negación de Pedro, la roca sobre la que se edificará la Iglesia, la traición al Señor se gesta entre los más íntimos, los que más conocieron el amor que desprendía el corazón de Cristo.
Con esta traición ─con mi traición— se pierde el sentido de ser un auténtico discípulo del Señor porque toda traición comporta romper una fidelidad firme, un amor auténtico, una amistad comprometida. Únicamente es posible traicionar aquello que de verdad se ama.
Y, en el silencio de este Martes Santo, me pregunto con el corazón compungido: ¿Qué hago cada día yo por el Señor? ¿Le entrego con frialdad de corazón o me mantengo firme junto a Él? Y, en estos días de Semana Santa, ¿me siento más cerca de Él o mis actitudes me alejan de aquel que va a dar su vida por la salvación del mundo? ¿Soy consciente de cómo lo traiciono cada día?
Lo traiciono cuando trato de hacer mi voluntad y no me dejo penetrar por su amor y su misericordia. Le traiciono cuando mi boca le ensalza y le ora pero a la hora de la verdad no le permito que transforme ni mi corazón ni mi vida. O cuando utilizo al Señor para pedir y exigir y no estoy dispuesto a cambiar mis actitudes. O cuando dudo de su infinita misericordia. O cuando la tibieza se hace presente en mi vida. O cuando no perfecciono mis obras de amor ni trato de ser vigilante con mi vida cristiana. O cuando falto a la confianza, lealtad, fidelidad de alguien de mi familia, de mis amigos o de la gente que se cruza en mi vida. O cuando mis promesas de autenticidad y verdad son meras palabras faltas de compromiso. O cuando mis intereses están por encima de mi compromiso cristiano. O cuando doy la espalda a aquellos que me necesitan. O cuando niego a mi prójimo. O cuando le niego su libertad y su felicidad. O cuando me dejo vencer por la tentación. O cuando desecho la cruz en mi vida. O cuando incumplo mis promesas. Y, así, un largo etcétera.
Hoy Martes Santo quiero permanecer al lado del Señor. Dejarme penetrar por su mirada y descubrir, en el silencio de la oración, cuáles son las sombras que cubren mi vida para llegar a resucitar con Él con el corazón limpio y lleno de esperanza.

Kiss of Judas

¡Déjame, Señor, permanecer junto a Ti en el Huerto de los Olivos! ¡No permitas que un beso mío sirva para entregarte! ¡Permíteme, Señor, llorar contigo, orar contigo, sufrir contigo en este día! ¡Permíteme tomar la cruz y caminar contigo hacia el Calvario! ¡Permíteme, incluso, que me crucifiquen contigo porque anhelo, Señor, resucitar contigo el día de Pascua de Resurrección! ¡Señor, no quiero tracionarte! ¡Pérdoname, perdona, Señor, a este discípulo tuyo débil y cobarde que tantas veces te traiciona! ¡Dame, Espíritu Santo, la iluminación para ver las manos y los pies de Cristo clavados en la Cruz y recordar que todo ello fue producto de mis traiciones! ¡Ayúdame, Espíritu Santo, a no crucificar de nuevo al Señor y no permitas que mi conducta, mis gestos, mis palabras o mis pensamientos le exponga de nuevo al escarnio público y la condena a morir en la cruz! ¡Ayúdame a ser una persona libre, abierta a Cristo, y no preocupada por mis propios intereses personales, mis satisfacciones, mis necesidades, mi egoísmo! ¡Ayúdame a ser una persona auténtica, abierta a Cristo, que se haga fuerte en la debilidad, que no huya en el momento de la prueba y que niegue a Jesús! ¡Ayúdame a ser como Cristo, siempre abierto a todos y a Dios, ejemplo de servicio, siempre desinteresado, siempre pendiente de los demás, siempre lleno de amor y de misericordia! ¡Padre, que la Pasión de tu Hijo Jesucristo, que convirtió su sufrimiento en instrumento de reconciliación y amor, me sirva para transformar mi vida y me haga siempre fiel a Ti y a los demás! ¡Ayúdame a ser fiel siempre a Tu Hijo!

In Monti Oliveti de Martini, para acompañar la meditación de hoy:

Un comentario en “¿Soy también un traidor a Jesús?

  1. Pingback: ¿Qué herida de mi corazón no le he mostrado todavía a Jesús? | orar con el corazón abierto

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