La impronta de la resurrección en mi corazón

Concluye la Semana Santa y ¡Jesucristo ha resucitado! ¡En verdad ha resucitado! Este suceso llena de alegría nuestros corazones y lo que hemos vivido no nos deja indiferentes. El año jubilar al que nos invita el papa Francisco nos hace vivir con mayor intensidad los acontecimientos de la Resurrección del Señor de la Misericordia.
Vivir nuestra fe a la luz de las obras de misericordia nos da una luz muy clara de nuestra concepción cristiana. En estos días pasados hemos testimoniado como Dios que se hizo carne se ha acercado a nuestra vida asumiendo nuestra humanidad en la suya propia. Y ha muerto por nuestra redención. Es un motivo de alegría y de esperanza comprender la manera con la que actúa Dios.
En estos días, Jesús ha dejado también testimonio de que en los momentos de cruz se puede vivir con gran intensidad el misterio de las bienaventuranzas. Jesús, que es el rostro visible del Dios invisible, nos ha hecho comprender que lo único importante es amar a las personas no a las ideas. Jesús, muerto en la Cruz por amor, nos deja a los pies del madero santo la enseñanza de que el amor es el único camino para la vida del cristiano. Es allí donde ponemos en cuestión nuestra verdadera identidad. Llegará un momento, a la entrada del reino celestial, que todos individualmente seremos examinados de amor. ¡Amor!
En pleno año de la misericordia las obras de misericordia se convierten para cada uno en el termómetro más fidedigno de nuestro compromiso y fidelidad con nuestra fe; el test para comprobar si verdaderamente seguimos al Señor.
La Semana Santa ha concluido. Y Cristo ha resucitado, renovando también nuestro interior. Es el momento para caminar por la senda del amor que sólo podremos materializar en acciones y gestos que denoten nuestra capacidad para amar sin olvidar nunca que es imposible amar al Dios que no vemos si somos incapaces de amar a aquellos que nos rodean y que cada día vemos.

Resurrección de cristo

¡Jesucristo ha resucitado! ¡En verdad ha resucitado! ¡Hoy lo exclamo con profunda alegría, Señor, porque Tú has resucitado! ¡Mi corazón se estremece de felicidad reforzando mi fe y llenando de esperanza mi vida! ¡Gracias, Señor, por resucitar en mi corazón y en mi vida! ¡Gracias porque eres mi paz, mi esperanza, mi vida, mi consuelo! ¡Y exclamo con profunda alegría que has resucitado! ¡Aleluya, Señor! ¡Aleluya porque te me presentas en la pulcritud de la vida para convertir mi corazón! ¡Quiero resucitar contigo, Señor, y fijar mi mirada en Ti y en los que me rodean dando amor, generosidad, entrega, misericordia, caridad, servicio, paciencia, esperanza…! ¡Quiero resucitar contigo, Señor, para llenar de amor y humildad mis palabras, mis gestos y mis decisiones! ¡No quiero parar de exclamar, Señor, que has resucitado, que Tu amor ha vencido al odio, y que la esperanza que nos das vence el desasosiego del corazón, que la luz que ilumina nuestra vida aclara toda nuestra oscuridad! ¡Hazme, Espíritu Santo, una persona misericordiosa que de vida a la luz del Evangelio, que peregrine siempre hacia el padre, con actitud de conversión personal constante, pobre de espíritu y de corazón sencillo, que actúe sin prepotencia ni arrogancia, que se sostenga siguiendo el ejemplo humilde de Jesús, que llore con los que lloran, que sufra con los que lo necesitan, que comparta con los perdedores, que dé consuelo siempre, que renuncie a imponer sus ideas, que practique siempre la mansedumbre, que busque siempre la conversión, que trabaje por una vida más justa y digna, que mi anhelo sea estar siempre cerca de Dios, que renuncie al rigorismo de la vida y que prefiera siempre la misericordia por encima del sacrificio, que acoja al que me ha hecho daño perdonando siempre, que tenga siempre actitudes limpias de corazón y conducta transparente, que no viva en la ambigüedad de la vida ni con máscaras que no dejan traslucir mi verdadero yo, que camine en la verdad de Jesús! ¡Son muchas cosas, lo sé, pero Jesucristo ha resucitado en mi corazón y quiero ser coherente con mi autenticidad cristiana! ¡Jesucristo ha resucitado! ¡En verdad ha resucitado!

Cristo ha resucitado y eso nos llena de alegría como canta esta canción que acompaña la meditación de hoy:

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