Amar como Jesús

Hace unas semanas unas mendigas eran ridiculizados por hinchas de un equipo de fútbol holandés en Madrid. Unos días más tarde sucede lo mismo en Roma. Ayer caminando por mi ciudad observo como un joven pisotea un vaso de plástico de un mendigo. Cuando voy a recriminárselo, un hombre adulto trata de detenerlo pero el joven sale corriendo y escapa entre el bullicio de la calle. ¿Por qué tanta falta de amor hacia los demás?
Vivimos inmersos en un egoísmo de corazón feroz. Y, así, es imposible amar. Imposible seguir los pasos del Señor que nos enseña a amar hasta que duela; aprender a darse a los demás viviendo evangélicamente el mandamiento del amor, siguiendo los pasos de Cristo, bebiendo de su estilo y de su forma de actuar, de ser y de amar.
En este año de la Misericordia la primera premisa de nuestra vida debería ser amar. Amar como hizo Jesús. Amar hasta el extremo. Y empezar por los más pobres, los más sencillos, los más desesperanzados, los más parias, los que a nadie importan, los que nadie presta atención… porque en todos ellos también está Dios.
Amar mostrando compromiso con el dolor de los demás, sintiendo verdadera compasión por el que sufre, uniéndose en el dolor a él, volviéndose próximo para nacer en su corazón como haría el mismo Dios.
Amar con gestos auténticos, actitudes sinceras, paciencia infinita, entrega desinteresada, con palabras amorosas, con obras misericordiosas, con valentía y coraje.
Amar saliendo al encuentro del necesitado, acogiendo al que sufre, denunciando al que humilla, tratando de mostrar a la gente el rostro de Dios, que es caridad, amor, verdad, vida, justicia, esperanza…
En definitiva, amar en lo pequeño y en lo grande, en la realidad de nuestro entorno y en el día a día, en el hoy, en el ahora y en el mañana, a unos y a otros, por medio del servicio y de la entrega, dándose hasta morir por el bien de uno mismo, de los demás y del mundo entero.

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¡Señor, ayúdame a salir de mi mismo para darme a los demás! ¡Ayúdame a amar como Tú amaste! ¡Ayúdame a salir de mis comodidades y mis egoísmos para ir en misión! ¡En este Año de la Misericordia dame, Espíritu Santo, un corazón sencillo para anunciar el reino de Dios! ¡Ayúdame a sembrar en los corazones de la gente que me rodea la semilla del amor, dando testimonio, amor, caridad, fraternidad, mansedumbre, esperanza y misericordia! ¡Enséñame, Señor, el camino para vivir siempre de manera solidaria! ¡Para convertir la dureza de mi corazón en un corazón humilde, sencillo y sensible que se acerque a los que sufren, a los que padecen, a los que tienen necesidad! ¡Dame, Espíritu de Dios, la sencillez para conmoverme ante el sufrimiento ajeno, ante las necesidades de los demás! ¡Ayúdame, Espíritu de Dios, a regalar mi tiempo, mi oración, mi entrega, mi esfuerzo, mis cosas a los demás sin esperar nada a cambio porque todo lo que tengo no es mío sino un regalo que viene de Ti! ¡Ayúdame a ser compasivo y misericordioso con los que sufren, padeciendo con ellos, movilizándome por ellos, conmoviéndome con ellos! ¡Que mi fe, Señor, se manifieste en obras concretas de amor! ¡Enséñame, Señor, a amar y a descubrir tu rostro en los que se cruzan por mi camino!

Oración del pobre es la música que acompaña hoy esta meditación:

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