Cruzar la Puerta Santa en peregrinación

Estamos inmersos en el Jubileo de la Misericordia. Hace ya tiempo que peregrinamos siguiendo la invitación de la Iglesia. Peregrinar es ponerse en camino, desprenderse del yo, y caminar hacia un destino. Pero este peregrinaje jubilar es, sobre todo, interior. Y, todo lo que lleva interiorización, es pausado. En un camino de peregrinación es más importante encontrarse a uno mismo, desde el corazón, que alcanzar la meta rápidamente.
Este Año Santo de la Misericordia es una oportunidad maravillosa para emprender un camino espiritual auténtico; una invitación a cambiar de vida para convertirla en un compromiso y hacerlo tras alcanzar el perdón, la misericordia y la indulgencia.
He cruzado ya la Puerta Santa en la catedral de mi ciudad. Y, siempre que visito una ciudad por razones de trabajo, trato de hacerlo en la Puerta Santa de ese lugar. Había traspasado antes esta puerta en cientos de ocasiones, pero en esta ocasión con el ánimo predispuesto a comenzar un sincero itinerario interior.
Pasar por la Puerta Santa, en este año Santo, tiene un profundo significado. Implica que el objetivo es la Misericordia y que en ese camino uno se compromete con la conversión interior. Antes de cruzar la Puerta Santa he leído el texto de invitación del Papa al Jubileo. Y, sí, he sentido como Dios Padre me abrazaba. Me abrazaba en su infinita misericordia. Y he sentido paz —mucha paz—. Y me he sentido perdonado y querido, porque he aprovechado para intentar hacer una buena confesión. Y he sentido que debo dar un paso más, que no basta cruzar el umbral de la Misericordia sino ir más allá, dándole sentido a mi vida cristiana. Y he visto mucho de lo que tengo que cambiar y mejorar. Y he sentido que mi misión debe ser también ser misericordioso con todos los que se crucen en mi camino. Dejar la impronta de la misericordia allí donde vaya.
La invitación al jubileo es universal. Es para todos. Lo único deseable es peregrinar con el corazón abierto, predispuesto al camino interior, a profundizar en su significado. Hacerlo íntimamente unidos con la Santa Madre Iglesia que es, en definitiva, la que ha lanzado la invitación a ponernos en camino. Y, antes de salir de la catedral, ante el Sagrario, he podido repetir pausadamente ese maravilloso salmo que exclama: los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, sobre los que esperan su misericordia.

año de la misericordia

¡Padre bueno, gracias por este jubileo de la Misericordia que nos llena de tu amor y de tu perdón y nos acerca más a ti en el camino de la mejora personal! ¡Padre bueno, Señor de la Misericordia, gracias infinitas porque en este Año Jubilar nos invitas a una profunda conversión interior! ¡Gracias, Padre, por habernos dado a Tu Hijo Jesucristo, con el que hemos compartido la Pascua, y en el que hemos visto Tu Rostro y el Rostro amoroso de Tu Misericordia! ¡Y a Ti, Jesús, gracias! ¡Gracias por haber dado la vida por mi y porque en Ti, cada minuto de mi vida, se cumple la gran misericordia divina! ¡Gracias, Señor, porque en este camino de conversión que supone vivir íntimamente contigo este año, nos invitas a ser tus discípulos, a comprometernos de verdad con tu misión de discípulos tuyos! ¡Señor, Tú me envías a compartir con todas las personas y en todo lugar Tu Misericordia! ¡Envía Tu Espíritu sobre mí para que sea capaz de anunciarla con palabras, con hechos y con coherencia cristiana! ¡Me quiero parecer a Ti, Señor Jesús, Tú que tienes un corazón que perdona, que ama, que reviste de alegría todo cuanto hace, que rechaza la maldad y no juzga, que desprecia la crítica y disipa las tinieblas de la mentira, que mira con ojos amorosos y sonríe aunque le desprecien, que tiende la mano y actúa con humildad, sencillez y generosidad sin esperar nada a cambio! ¡Que es la Misericordia misma! ¡Espíritu Santo hazme dócil a la llamada del Padre, dame un corazón sencillo y humilde, sensible y amoroso, para acoger al que sufre, para llenar de esperanza al que lo necesita, de hablar de Dios al que no lo conoce, de encontrarme con el Padre con sencillez de espíritu, de transmitir la alegría del Evangelio al que se cruce en mi camino!

Misericordia Domine con los coros de Taizé para acompañar hoy esta meditación:

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