¡Llévame, Señor, de tu mano!

En el parque, mientras mi hijo pequeño juega con unos amigos a la pelota, observo como un niño de unos cuatro años trata de subir a lo más alto de un tobogán. El primer escalón le resulta sencillo. Su padre, precavido, lo observa a unos pocos metros. El niño, con mayor esfuerzo, alcanza el siguiente escalón. Y se detiene. Mira al padre buscando su aprobación. Y este le grita: «Sigue… ¡adelante!». Con la aquiescencia del padre, el niño lleno de valor y de confianza, prosigue con más esfuerzo subiendo el tobogán. Le quedan tres escalones para llegar arriba. Pero a medida que la altura es mayor, se acrecienta el miedo en él. Y entonces, viendo la distancia que le separa del suelo, grita: «¡Papá, cógeme! ¡Lo quiero hacer contigo!». Y su padre, inmediatamente, se acerca a él, lo toma por la cintura y le ayuda en el último impulso.
Esta imagen me ilumina. Así actúa también el Señor en mi vida, llevándome siempre para dar conmigo el último impulso. El decisivo. El esencial. Y esta imagen tierna me ha recordado que de nada sirve trabajar y disfrutar del pan obtenido por el esfuerzo de mi trabajo, si el Señor no está presente en mi vida. Que Él me da fortaleza cuando estoy cansado, me da ilumina cuando estoy desorientado y multiplica mis fuerzas cuando ya no me queda ninguna. En manos del Señor soy como ese niño que exclama: «¡Papá, cógeme! ¡Lo quiero hacer contigo!»

llevame de tu mano, Señor

¡Llévame siempre en tu regazo, Señor, y no me sueltes! ¡Acompáñame, Señor, siempre en mi caminar diario porque necesito de tu aliento, de tu sabiduría, de tu amor, de tu fuerza, de tu misericordia, de tu conocimiento, de tu bondad, de tus consejos y de tu entendimiento! ¡Llévame siempre de tu mano, Señor, y envíame tu Espíritu! ¡Señor, todo lo puedo en ti que me fortaleces! ¡Todas mis capacidades vienen de Ti, Señor por eso que puedo lograrlo todo si Tú estás conmigo guiándome! ¡Señor, ya sé que te deleitas en amarme y guiarme por eso te entrego mis esfuerzos cotidianos! ¡Te entrego también, Señor, la preocupación por mí mismo y la de mis seres más queridos, por los asuntos que llevo entre manos, por las responsabilidades profesionales, familiares y laborales! ¡Dios mío, aquí tienes mi corazón, mi alma, mis manos, y mis pies y mi mente! ¡Utilízalos, Señor, como mejor te convenga a Ti, para que glorifiquen en mi y en el prójimo tu presencia! ¡Gracias, Señor, por la gran cantidad de cosas que haces por mí y por medio de mí cada día!

Llévame a puerto seguro
exclama la coral final de la cantata BWV 56 de J. S. Bach Ich will den Kreuzstab gerne tragen (Con gusto llevaré la cruz) que escuchamos hoy:

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s