Cristo, mi patrocinador

Estamos acostumbrados a que grandes artistas, deportistas, gentes del mundo del arte y del espectáculo firmen contratos multimillonarios que exigen exclusividad para vestir determinadas prendas o promocionar determinados productos o marcas. En contrapartida, a todos ellos se les exige conductas de integridad, honradez, probidad y un comportamiento siempre veraz para reflejar los valores de la empresa que les contrata y respaldar así su reputación como marca.
Yo también tengo un patrocinador. Es la marca más prestigiosa del mundo: Cristo. Llevo impreso en mi vida el sello de ser cristiano. Y eso comporta una enorme responsabilidad. Por eso, me pregunto hoy a la luz de la oración: ¿Busco reflejar en cada uno de mis actos la luz de Cristo? ¿Cuál es mi comportamiento como discípulo de Jesús? ¿Pueden escandalizar mis actitudes, mis palabras, mis gestos a la sociedad? ¿Es íntegra siempre mi actitud? Depende de lo que responda, no puedo permitirme desprestigiar la marca de Cristo, de la que soy un patrocinado. ¡Ay, Señor, ayúdame a reflejar siempre en todas mis acciones que tú vives siempre en mí!

Cristo, mi patrocinador

¡Gracias, Señor, por ser además de mi patrocinador mi mejor amigo! ¡Gracias, Señor, porque lo eres pese a todas las circunstancias que rodean mi vida! ¡Gracias, Señor, porque puedo cada día conversar contigo, confiarte todos mis sufrimientos, todos mis temores, todos mis anhelos, todo lo que hay en lo más profundo de mi corazón! ¡Gracias, Señor, porque nunca te cansas de escucharme, porque me patrocinas y confías en mí! ¡Ser un patrocinado tuyo, Señor, es aceptar siempre tu llamada, dejarlo todo y ponerse en camino! ¡Ser un patrocinado tuyo, Señor, implica aprender de Ti en lo cotidiano, es dar fruto, apasionarse por la vida y entregarse siempre a los demás sin esperar nada a cambio! ¡Ser un patrocinado tuyo, Señor, implica comprometerme con los que lo necesitan! ¡Ser un patrocinado tuyo, Señor, es compartir con los que menos tienen! ¡Ser un patrocinado tuyo, Señor, es tomar la cruz de cada día para seguir siempre tus huellas! ¡Ser un patrocinado tuyo, Señor, es serte siempre fiel, construir cada día, mirar la vida con la mirada del Evangelio, abrir los ojos y centrar la mirada donde miras Tu! ¡Ser un patrocinado tuyo, Señor, es sentir como Tú, actuar como Tú, vivir como Tú! ¡Ser un patrocinado tuyo, Señor, es compartir mi intimidad en la oración, es tomar fuerzas en la Eucaristía, es buscar tu Palabra y aplicarla en mi cotidianeidad, es vivir los sacramentos con autenticidad! ¡Ser un patrocinado tuyo, Señor, es dejar que muera ese pequeño ídolo divino que soy yo y que daña mi corazón para buscar al auténtico Dios que llena de gozo mi corazón! ¡Ser un patrocinado tuyo, Señor, es convertirse en signo de contradicción! ¡Me siento orgullo de llevar tu sello, Señor, el problema es que no sé si estoy a la altura de las circunstancias!

Padrenuestro, que estás en el cielo cantamos hoy:

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