¡Permaneced en mí!

Hace unos días un sacerdote muy querido celebraba trece años de fidelidad a Dios. Trece años de ordenación sacerdotal que él mismo agradecía a «María, Madre de los Sacerdotes, a la Iglesia que es mi familia y a vosotros [en referencia a sus feligreses y amigos] en quienes se hace concreta y real la entrega de mi vida. Yo no soy nada sin todos los que están en la lista… os necesito porque os quiero». Y recordaba su lema sacerdotal que son las palabras de Cristo: «¡Permaneced en mí!».
Cuando conoces a un sacerdote bueno, santo, generoso, con una entrega constante a Dios y a la comunidad, que es un ejemplo vivo del Amor de Dios en la vida nos acercamos más al Señor. Cuando te encuentras con un sacerdote que es verdadero pastor, guía, luz en el camino nos acercamos más al Señor. Cuando ves a un sacerdote que entrega su vida a Cristo y nos la hace presente nos acercamos más al Señor. Cuando te cruzas con un sacerdote que sabe llevar su cruz cotidiana nos acercamos más al Señor. Cuando te encuentras con un sacerdote que ama y transmite su amor por la Eucaristía, nos acercamos más al Señor. Cuando conoces a un sacerdote que muestra en su testimonio cotidiano la alegría de estar cerca de Dios nos acercamos más al Señor. Cuando ves en un sacerdote que es bondadoso y misericordioso pero también firme en la dirección espiritual nos acercamos más al Señor. Cuando ves a un sacerdote buscando cada día la mirada amorosa de Cristo —dice en su testimonio este sacerdote que Jesús «tiene desde Su Cruz sus ojos puestos en los míos»— nos acercamos más al Señor.
Un sacerdote es alguien que lo ha dejado todo, entregando su vida, para seguir a Jesús, para servir a los demás a través de Cristo, para ayudar a los hombres en su camino hacia el cielo. Por eso hemos de quererlos, respetarlos y valorarlos y pedir a Dios por su santidad, por la firmeza de su vocación, por su entrega, por su corazón puro y limpio. Pedirle a María, esposa de la Iglesia, que los mantenga unidos a Su corazón para ser una Madre solícita con ellos especialmente en tantos momentos de soledad.
Hoy abro especialmente mi corazón en la oración por tantos sacerdotes que se han cruzado en mi vida. Por el que sacerdote que me bautizó, por el que me impartió la Primera Comunión, por el que obispo que me confirmó, por los que han sido mis directores espirituales, por los que me han repartido la Eucaristía a lo largo de la vida, por los que me han confesado, por los que me han escuchado, por los que me han impartido retiros espirituales, por los que me han ayudado… ¡Por su presencia en mi vida, gracias Señor!

Permaneced en mi

¡Jesús, sumo y eterno sacerdote, te pido hoy por los sacerdotes de tu Iglesia santa! ¡Danos sacerdotes santos, Señor, y protégelos siempre para que hagan honor a su vocación! ¡Y a ti María, Madre de la Iglesia, que oraste en el Cenáculo junto a los apóstoles pidiendo para que el Espíritu Santo llenara sus vidas con la plenitud de sus dones, Tú que eres la Reina de los sacerdotes, intercede por ellos, acompáñalos siempre en su ministerio! ¡Llena, Señor, su alma de Ti y que el poder de tu infinita misericordia les ayude en su vocación sacerdotal para ganar almas a Dios! ¡Envía tu Espíritu sobre ellos, Señor, y llénalos de gracia para que sus dones de sabiduría, conocimiento, consejo, paciencia, amor, esperanza, fortaleza, amabilidad y obediencia les permitan ser sal en la tierra! ¡Haz de ellos, Señor, hombres de oración, que logren mantener en su corazón encendido el amor a Dios, que su fe sea un estímulo para sus ovejas, que sus palabras estén siempre iluminadas por Ti, que su celo sacerdotal se renueve cada día en la Eucaristía! ¡Señor, líbralos de las tentaciones y de los peligros, fortalécelos en la debilidad, consuélalos cuando estén tristes o desanimados, cúralos cuando estén enfermos de cuerpo o de alma, protégelos en su misión no siempre fácil, dales la alegría de la fe para transmitir tu Verdad, hazles fieles a la Iglesia, al Santo Padre y a los obispos, hazles personas sencillas y humildes, dales serenidad en los momentos de tribulación! ¡Llévalos siempre, Señor, en lo más profundo de tu Sagrado Corazón! ¡Cuida, sobre todo, de los sacerdotes jóvenes que inician su vocación, de los sacerdotes perseguidos en tantos lugares del mundo y de los sacerdotes ancianos! ¡Y también te pido, Señor, que nos envíes nuevos sacerdotes que surjan de nuestras parroquias, de nuestras familias, de nuestras escuelas, que sean cosecha fértil para tu Iglesia, fieles a la llamada del Evangelio, imagen viva tuya y que den un sí tan alegre y decidido como el de tu Madre!

Jaculatoria a la Virgen en el mes de mayo: ¡Madre Nuestra, María Santísima, Madre del verdadero Dios por quien, en quien y con quien vivimos, enciende en el corazón de los sacerdote tus santas virtudes!

Sacerdote para siempre, cantamos hoy con Jesed en honor de los sacerdotes:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s