Cómo árbol de firmes raíces

Ayer cruzaba uno de los parques de mi ciudad para dirigirme a una reunión. Es un parque muy sombreado con parterres de césped, caminos curvilíneos y tranquilos rincones. Un precioso magnolio tiene las raíces desprendidas de la tierra y se encuentra en una situación curvada. Las poderosas raíces subterráneas han emergido a la superficie y, siendo un árbol fuerte, se encuentra ahora en una situación de vulnerabilidad. Las raíces de un árbol necesitan la tierra para recibir los nutrientes que le garanticen la vida. Se adhieren con firmeza a lo más profundo para convertirse en un fuerte amarre que, en algunos casos, permitirá al árbol llegar a centenario. Un árbol con un anclaje tan firme sobrevivirá a tormentas, ventiscas y embestidas de todo tipo.
Hoy le pido al Señor una palabra para iniciar mi oración y abro la Biblia. Y surge el Salmo 1 que, entre otras cosas dice: «Él es como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo, y cuyas hojas nunca se marchitan: todo lo que haga le saldrá bien». Y, aunque no me aplico tan bellas palabras, me sirve para decirle a Dios que me ayude a que mi vida tenga raíces sólidas, que no se queden en lo intrascendente, en lo insustancial de las cosas, sino en lo que es importante, en lo que realmente merece la pena. Dar prioridad a lo fundamental para dar fruto a su debido tiempo. Pero no sólo eso. Cada día, para dar frutos, debo alimentar mis raíces para fortalecerlas, para darle robustez al tronco de mi vida. No puedo permitirme ser como la magnolia del parque, torcida y con las raíces poco asentadas, porque entonces no seré capaz de afrontar las tormentas, las adversidades y los contratiempos de mi vida.
Unas raíces sólidas imprimen carácter a la vida. Es como la madurez de las arrugas. Te permiten contemplar los problemas, las dificultades, las pruebas y las complicaciones con un planteamiento realista. Toda prueba es una ocasión para crecer interiormente. Tratar de alejarse de los momentos nebulosos y de las situaciones sombrías no es la mejor manera de crecer interiormente y ante Dios.
Por eso en este día, con la experiencia del parque y la Palabra que viene de la lectura del Salmo no puedo más que pedirle a Dios que me ayude a aferrarme a la verdad de su Palabra y de sus preceptos, que mi vida se cimiente sobre los pilares sólidos de la fe, de la esperanza, de la caridad y de la misericordia. Y con unas raíces profundamente asentadas, regadas por la gracia de su amor, que me de la posibilidad de convertirme en un árbol robusto de su jardín de gracia. Que sea hoy y siempre un árbol fundamentado en la verdad del Evangelio para que dé frutos a su debido tiempo y que sus hojas no se marchiten a causa del pecado.

Cómo árbol de firmes raíces

¡Te pido Señor que me ayudes a ser como un árbol de raíces profundas para dar frutos de amor, de paz, de caridad y de bien y permitir que todas las semillas que has sembrado en mi corazón se abran para darlas a los demás! ¡No permitas, Señor, que nunca se marchiten las hojas verdes de las ramas de mi corazón! ¡No permitas, Señor, que el pecado, el egoísmo, la falta de caridad, la soberbia, la tibieza, la poca perseverancia en mi vida de oración carcoma el tronco de mi fe! ¡Haz, Señor, que por medio de tu Espíritu, el árbol de mi vida esté bien enraizado a la tierra y vuelva su mirada hacia el cielo! ¡Haz que las ramas de mi tronco estén tan enraizadas en la verdad del Evangelio que ninguna tormenta de la vida ni ninguna sequía de la fe dejen de producir los frutos del amor, de la mansedumbre, de la misericordia, de la paz! ¡Que sea capaz de dar sombra al que lo necesitan, apoyo al cansado, alimento del fruto al necesitado! ¡Aceptaré, Señor, con sencillez convertirme en un tronco ignorado e inútil que se quede al margen del camino y que nadie repare en mi para convertirme en retablo de vida! ¡Solo te pido, Señor, que me conviertas en un tronco productivo, arraigado a tierra firme —a la fe, a la vida de sacramentos, a los valores cristianos, a una auténtica vida cristiana— y, por medio de tu Espíritu, empápame con el rocío de la gracia!

Jaculatoria a la Virgen en el mes de mayo: ¡María, Madre de Dios, ayúdame a dar frutos en mi vida siguiendo tu ejemplo y sembrar siempre en tierra fértil!

Dar frutos es la canción seleccionada hoy para acompañar esta meditación:

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