En la escuela del Rosario

Cuatro sábado de mayo con María en nuestro corazón. Daba ayer noche un paseo rezando el Rosario. En el escaparate de una tienda de objetos antiguos –entre brocanter y anticuario– una imagen bellísima de María en el Cenáculo rodeada en un marco dorado. Qué pena que me toquen hoy los Misterios de dolor porque hubiera rezado el quinto misterio ante esta imagen. Sin embargo, me viene a la mente una idea hermosa. Con el Rosario no sólo penetramos en el misterio de la vida de Cristo, que son también los misterios de María, sino es rezar con María, al igual que oraba ella junto a los apóstoles en aquel lugar santo donde tuvo lugar la Última Cena.
El Rosario es mi oración predilecta. Cuando contemplo cada misterio antes de comenzar a rezar el Rosario y lo ofrezco por alguien me identifico con los sentimientos de María en ese momento y me introduzco de una manera hermosa en la vida de Cristo.
Ayer amigos de un grupo de WhatsApp intervinieron la mayoría para anunciar que iban a rezar por las intenciones que se pedían. Un gran número de ellos ofrecían el Rosario.
Mi padre siempre me decía que no abandonara nunca «el Rosario diario, aunque estés cansando y las fuerzas te debiliten». Y, si es posible, es preciso rezarlo siempre en familia porque esta oración vocal es para rezar en familia y por la familia. Y de la mano misericordiosa de la Madre nuestra alma se va empapando de la vida de Su Hijo y en nuestro corazón quedará impreso los rasgos de Cristo. Cuando el peso de los pecados sea muy gravoso, cuando los problemas y las preocupaciones nos abrumen, cuando las tentaciones estén a punto de llevar a la oscuridad del alma, cuando la desgana espiritual haga mella en la vida… basta con agarrarse a las cuentas de ese Rosario que obra milagros en nuestro corazón tibio.
Mi padre siempre me recordaba que rezando con cariño el Rosario mostraba fidelidad a María que en su condición de Madre permanecía siempre fiel a mi lado. Años más tarde he agradecido que nos hiciera rezar juntos el Rosario en familia pese al tedio que me producía y la desgana con que lo recitaba.

En la escuela del Rosario

¡Dios te Salve, María, llenas eres de gracia! ¡Me gusta, Madre, rezarte con estas palabras por la belleza de una salutación tan hermosa y tan de Dios! ¡Me gusta, Madre, pronunciar esta bella oración que pronunció el Ángel porque es la elección que Dios hizo de Ti como Madre de Jesús! ¡Te doy gracias por Tu «Sí», María, porque con él nos mostraste la mayor generosidad posible! ¡Te doy gracias también porque a los pies de la Cruz aceptaste la misión de acercarnos más a Jesús y a la Iglesia, nos llevaste a la misión de convertirnos y arrepentirnos de nuestros pecados! ¡María, pongo en tus manos maternales, llenas de afecto y de cariño, todas mis preocupaciones, mis anhelos, mis desvelos y mis temores! ¡Acógelos con tu amor de Madre! ¡Ayúdame, María, a imitarte cada día, a seguir el ejemplo de tu sencillez, de tu humildad y de tu fidelidad a Dios y enséñame a vivir cada día las pruebas que se me presentan con generosidad y amor! ¡María, Señora del Santísimo Rosario, ayúdame a seguir cada día a Tu Hijo Jesucristo, a meditar en profundidad los misterios de su vida que recorremos en el Rosario y convertirnos siempre en testigos verdaderos del amor que Dios nos tiene!

Jaculatoria a María en el mes de mayo: ¡María, Madre de Amor y de Misericordia, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte!

Un tributo a María en el rezo del Santo Rosario:

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