La fortaleza que viene del Espíritu

Hay días que las fuerzas decaen. Pero ahí está el Espíritu Santo, del que somos templo, para pedirle el don de la fortaleza. La fortaleza es esa virtud que te ayuda a vencer los obstáculos que se nos presentan en la vida. Además, permite soportar con firmeza todo aquello negativo que nos sucede, vencer al temor a las dificultades y hacer frente a los golpes recibidos contra el cuerpo y el alma. El camino para ser fuertes nada tiene que ver con el poder y, mucho menos, con el orgullo.
La fortaleza que más dignifica al hombre es aquella que nos permite luchar contra nuestros defectos, nuestras caídas y nuestros pecados porque el mayor poder que tiene el hombre es el poder de decir «¡No!» al pecado.
La fortaleza es un don que hay que pedir continuamente al Espíritu Santo; un don que el Espíritu de Dios pone en el alma para obrar de manera extraordinaria y vencer así nuestra debilidad, ser consciente de nuestra miseria y de nuestra pequeñez. Y es necesario hacerlo de manera constante. Pedir fortaleza para ser fuertes en el Señor y en palabras y en obras, para crecer en el amor y en la santidad, para permanecer firmes en el camino del bien y poder exclamar con fuerza como san Pablo aquello de que «¡Me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte!».

fortaleza

¡Espíritu Santo de Dios, dame la fortaleza para romper el caparazón de piedra que rodea mi corazón, para sanar mis heridas y crecer en el amor! ¡Dame, Espíritu Santo, fortaleza para derrotar cada impulso negativo de mi alma y todo aquello que me aparte de Dios! ¡Dame, Espíritu Santo, la fortaleza para rechazar las tentaciones del demonio y ver en cada discernimiento una oportunidad para acercarme más a Dios! ¡Dame, Espíritu Santo, la fortaleza para no transigir con mi egoísmo y mi vanidad con el fin de que de mi corazón surjan siempre actos de bondad, de misericordia y de amor! ¡Dame, Espíritu Santo, la fortaleza para mantenerme siempre firme ante las dificultades, para llevar el peso de la Cruz de cada día, para no traicionar la voluntad de Dios! ¡Dame, Espíritu Santo, la fortaleza para no caer siempre en la autocompasión y la autocomplacencia! ¡Dame, Espíritu Santo, la fortaleza para confiar en tu misericordia y no agarrarme a la autosuficiencia que no lleva a ningún lugar! ¡Dame, Espíritu Santo, la fortaleza para no doblegarme ante la debilidad! ¡Dame, Espíritu Santo, la fortaleza para no caer en la auto justificación de mis faltas! ¡Dame, Espíritu Santo, la fortaleza para ser siempre humilde para reconocer mis errores y lamentarme por mi pecado! ¡Dame, Espíritu Santo, la fortaleza para no avergonzarme de mi condición de cristiano, para poner siempre a Cristo por delante y para ser testimonio en todos mis actos a todas las personas que se crucen en mi camino! ¡Dame, Espíritu Santo, el don de fortaleza para ser coherente con mis principios, que no los cambie por nada ni por nadie, y ser siempre honrado! ¡Dame la fortaleza, Espíritu de Dios, para soportar los juicios ajenos y la corrección fraterna! ¡Dame la fortaleza, Espíritu Santo, para perseverar siempre incluso en aquellos momentos en que la hostilidad se cebe contra mí y las incomprensiones de los demás me dejen solo en el camino de la fe!

Una bellísima canción para pedirle al Espíritu Santo que venga a nuestro corazón:

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