En camino con María

Otro hermoso día que nos regala la Iglesia: la visitación de María a su prima santa Isabel. Me pongo en oración junto a la Virgen, en el silencio de su estancia, observando la acción generosa de María. Contemplo su hermosa figura. La Virgen, cuando el ángel se le aparece en el tabernáculo de su corazón, no se encuentra ociosa. Ni trabajando. Ni durmiendo. Ni cocinando. Se encuentra en serena oración con Dios. En recogimiento interior. En quietud espiritual. Y al escuchar al Espíritu divino se determina, a pesar de su estado, a ponerse en camino. Pero no lo hace por cariño a su prima estéril, ni por una inclinación natural a servir al prójimo, ni porque su corazón sea solícito —elementos todos ellos que también forman parte de la grandeza de María— sino por la llamada del dulce huésped del alma. Este es el motivo por el que se dirige aprisa a las lejanas montañas de Judea donde habitaban Zacarías e Isabel. Es este gesto de amor lleno de fuerza y caridad el que lleva a la Virgen a salir de su oración para ponerse en camino.
Esta es la enseñanza que recibo de María hoy. Dejar de lado mis seguridades, la ociosidad de mi vida, la tranquilidad de mi hogar, para emprender el camino del cielo prometido por medio de las virtudes, del amor, de la caridad, de la entrega, del servicio. Haciéndolo todo, sea cual sea la voluntad de Dios, como si fuera una oración al Padre bajo el influjo de la luz del Espíritu Santo. Parece una tarea sencilla pero no lo es por la dureza de mi corazón. Pero tomo el humilde gesto de María y me lleno de esperanza porque el Espíritu Santo siempre empuja a alcanzar metas más grandes.

VISITA

¡Bienaventurada seas, Virgen María, porque eres el ejemplo máximo del servicio y del poner todo en manos del Espíritu Santo! ¡Bienaventurada, María, porque me enseñas la entrega generosa, yo que tantas veces me olvido de acompañar a los demás en sus penas y en sus alegrías! ¡Bienaventurada, María, porque en esta fiesta de la solidaridad y de la entrega, del compartir y del servir, me enseñas cómo debe ser en mi vida la entrega fraterna a la luz del Espíritu Santo! ¡Me enseñas a alabar al Padre como lo hiciste Tú con el Magnificat, el canto más hermoso de alabanza y acción de gracias! ¡Gracias, María! ¡Gracias, porque con tu visita a santa Isabel me enseñas también cultivar la amistad de la manera más generosa, a ponerme siempre a disposición de los demás, a buscar la intimidad con aquellos que son mis amigos, a rezar y orar por la gente que me rodea! ¡Y a ti, Espíritu Santo, te pido seas en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mis palabras y mis pensamientos mi director, mi luz, mi guía, mi fuerza y todo el amor de mi corazón!

Un Magnificat muy hermoso para acompañar a la Virgen en este día:

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s