María, causa de nuestra alegría

Primer sábado de junio con María en nuestro corazón y cerca del Sagrado Corazón de Jesús. Un sábado más lleno de alegría por estar cerca de nuestra Madre. Es la Virgen la que nos enseña a estar siempre alegres y agradecidos. Agradecidos en primer lugar con Dios por todo lo que nos ofrece. Agradecidos con Jesús, su Hijo, por su presencia en nuestra vida. Agradecidos con Ella por todas las bendiciones que nos envía. Agradecidos con san José por ser modelo para todos y por cuidar a la Sagrada Familia.
Cada sábado que renuevo mi amor por María, la Virgen me enseña que debo estar siempre alegre siguiendo los consejos del ángel del Señor que ya le advirtió a la joven de Nazaret aquello tan hermoso del «Alégrate, llena de gracia». Este mensaje llevó a María a tomar una decisión valiente y arriesgada. Lo dejó todo, y unida a la fortaleza que le otorgó el Espíritu Santo, se puso en camino al encuentro de su prima embarazada.
En este año de la Misericordia, la Virgen me recuerda que yo también debo ponerme, alegre, en camino, sembrando a cada paso el gusto por las cosas pequeñas, la alegría del encuentro, la satisfacción del servicio generoso… Caminar con una sonrisa en el rostro consciente de que ese camino lo hago de su mano y con su Hijo Jesucristo a nuestro lado.

María, causa de nuestra alegría

¡María, Señora mía, tu eres causa de nuestra alegría! ¡Tú María has vivido como nadie la presencia de Dios en tu vida! ¡Muéstrame a mí a encontrarme cada día con Tu Hijo! ¡Enséñame a acercarme a la Verdad, a la Vida, a la Santidad, a la Justicia, a la Paz, al Amor y a la Misericordia! ¡Enséñame, María, a contemplar siempre la vida como un don de Dios! ¡Enséñame a ser como Tu, María, siempre agradecida, siempre alegre, siempre llena de gracia! ¡Ayúdame, Señora, a ser un instrumento útil en las manos del Padre y que a través mío sean muchos los que escuchen de mi boca melodías llenas de alegría! ¡Te presento hoy, María, a los que sufren soledad, a los que están tristes, a los que están alejados de la Iglesia, a los que blasfeman, a los pecadores, a los desesperados, a los perseguidos, a los desahuciados, a los enfermos, a los afligidos… para que les entregues un poco de tu alegría! ¡María, quiero ser un apóstol tuyo, quiero ser un apóstol de la alegría!

¡Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío! ¡María, Reina de la alegría, ruega por nosotros!

Oh María, cantamos hoy a la Virgen:

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