¡Capacita, Señor, mi día a día!

Toda obra humana es una obra de Dios. Dios nos capacita siempre para sus propósitos; al Señor no le importa lo que somos porque en nuestra pequeñez todos somos igual de importantes para Él. Si uno pone en primer lugar las cosas de Dios y confía más en Él, uno se siente más aceptado, amado y capacitado. ¿Acaso Moisés no era tartamudo, Zaqueo un vulgar ladrón, Sara una mujer estéril, Mateo un odiado cobrador de impuestos, la samaritana un adúltera despreciada, Pedro un pobre e inculto pescador y Saulo un sanguinario perseguidor de cristianos…? ¿Y acaso el Señor no los capacitó a todos para dar testimonio de su amor?
Sólo hay que pedirle al Señor que nos capacite en nuestro día a día, que le abramos nuestro corazón, que nos lo restaure y nos lo fortalezca. El Señor quiere —espera y desea, mejor dicho— tener con cada uno de nosotros una relación personal. En este mundo no se mueve nada sin que Él lo permita. Y si lo permite es por alguna razón. Sólo espera nuestra respuesta para cumplir con sus propósitos. Cuando uno le da el «Sí» el resto viene por añadidura. Así que hoy me decido a abrirle más si cabe las puertas de mi corazón y dejar que habite en mi vida de una manera especial. Servirá para medir si estoy capacitado y a la altura de mi responsabilidad.

Capacítame, Señor

¡Capacítame, Señor! ¡Capacítame con tu Espíritu para convertirme en un auténtico discípulo tuyo! ¡Capacítame para transformar mi vida, para servir desinteresadamente a los demás e inspirarles a hacer lo mismo! ¡Dame luz, Señor, dame verdad, confianza, esperanza, fe! ¡No ignores, Señor, mi petición y enséñame a escuchar tus susurros y tus palabras! ¡Quiero ser semilla que produzca frutos en mi vida, Señor! ¡Quiero aprender amar y a dejarme amar, quiero aprender a servir y a hacerme pequeño delante de los demás, quiero valorar mis riquezas y valorar también la de los demás, quiero escuchar tus palabras y aprender a escuchar, quiero amarte profundamente y amar a los demás! ¡Elimina de mi vida todo aquello que me aprisiona, Señor, para ser libre de todo mal! ¡Capacítame, Señor, para hacer siempre tu voluntad! ¡Tu siempre velas por mí, Señor, y me ayudas en todo! ¡Deposito en ti toda mi confianza, Señor! ¡Me propongo reconocerte en cada uno de mis hermanos, de mis caminos, de mis acciones y estar siempre alerta a tus mandatos y a tu dirección! ¡Envía tu Espíritu para que me de la luz para afrontar los problemas con entereza y confianza, a orar con el corazón abierto por cada situación que surja, ya sea motivo de alegría o de tristeza! ¡Gracias, Señor, por todas y cada una de las respuestas que dejas en mi vida, que son producto de tu amor y de tu misericordia! ¡Señor, Tú conoces perfectamente mis necesidades antes incluso de que acuda a Ti para pedírtelas! ¡Capacítame, Señor, para tener un corazón sereno para comprenderlo todo y aceptarlo todo! ¡Guarda mi alma, Señor, contra las acechanzas del demonio y hazme un cristiano fiel que confíe siempre en tu divina providencia!

¡Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío!

Dame tus ojos cantamos hoy con Marcela Gandara y Jesús Adrián Romero:

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2 comentarios en “¡Capacita, Señor, mi día a día!

  1. ¡Que verdad más grande! La bendita Voluntad del Señor es maravillosa. No hay nada que llene más la vida que ser su instrumento, ser el más pequeño colaborador de sus planes. Cuanto más pequeños somos más evidente es su Grandeza y mayor su Gloria. Qué delicia en el Alma y cuánta alegría en el Espíritu. Servirle es el Paraíso en la tierra.

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