¿Cómo son mis acciones cuando nadie me ve?

¿Cuándo nadie me ve, en lo secreto de mi vida, cómo son mis acciones? ¿Qué hay detrás de mi servicio, de la caridad, de la entrega? La vida del hombre es frágil, como un jarrón de porcelana china, y provoca tristeza que en muchas ocasiones servimos o practicamos la caridad por motivaciones muy alejadas de las enseñanzas del Evangelio.
¡Cuántas veces servimos a nuestros padres, o a nuestros superiores en la empresa, o a un compañero en el puesto de trabajo, por poner sólo unos ejemplos, únicamente por razón de nuestro interés, tratando de obtener ventaja a esa acción en apariencia desinteresada pero, en realidad, repleta de ventajismo egoísta! Es el utilitarismo de la caridad… ¡tan alejado de las enseñanzas de Jesús! ¡Pero si la caridad auténtica es la que cambia el mundo! Por eso todas las acciones de mi vida —y, por supuesto, no sólo las espirituales— debe estar impregnadas de un único fin: el amor a Dios y a los demás.
Cuando este principio se convierte en una verdad el servicio, la caridad, la entrega… debo practicarlo siempre con la máxima mesura y discreción. No importa que los demás la vean; no es relevante dejar constancia de ella. Lo verdaderamente importante es que sea una ayuda auténtica a los demás. Caridad y servicio por amor. Así, la caridad debe ser el principio básico de mi vida moral como cristiano. Caridad en la doble vertiente de amor a Dios y a los demás. El sello de mi comportamiento como creyente.
Le pido hoy al Señor que mi caridad y mi servicio sean siempre por amor, sólo a la vista de sus ojos, para que la recompensa —si es que la merezco— venga de Él y no de los que me rodean para no ensalzar mi vanagloria y alimentar la vacuidad de mi ego.

cuando nadie me ve

¡Señor te pido que me ayudes a ser generoso de corazón, recto en intenciones, bondadoso en todos mis actos! ¡Enséñame a servirte a ti y a los demás como te mereces y se merecen, sin medir las ventajas ni calcular los costos! ¡Envíame tu Espíritu, Señor, para que me llene de amor y poder compartir ese amor a los demás por medio de mis acciones, mis comportamientos y mis actitudes! ¡Apacigua, Señor, esos egoísmos interesados que pueda haber en mi vida, el querer sobresalir y ser aplaudido, el ser reconocido! ¡Ayúdame hoy y siempre a pensar en el bien del prójimo, atendiendo sus necesidades, ofreciendo mis servicios, llenando sus carencias humanas y espirituales con mi entrega generosa! ¡Quiero, Señor, tener en este día y cada día un encuentro verdadero contigo! ¡Ayúdame a servir como serviste Tú, con amor y misericordia! ¡Aviva en mi corazón la llama de la fe y del amor para ser siempre alguien servicial, testimonio cristiano! ¡Que todas mis acciones, Señor, estén iluminadas por la luz del Espíritu Santo, que queden ocultas a los ojos de los hombres y sean contemplados a la luz de tu mirada!

¡Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío!

Es por tu gracia, cantamos hoy al Señor:

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