Imitar a los príncipes de los apóstoles

Celebramos hoy el martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo. La roca «frágil» y apasionada de la Iglesia, elegida por Cristo y aceptada con humildad hasta el martirio. Y el apóstol de los gentiles, modelo de evangelizador, entregado a la predicación de la Palabra. Dos pilares de la Iglesia. Dos hombres recios y de carácter que dejaron que Dios los convirtiera en sus instrumentos. Se jugaron la vida por el ideal de Cristo, para transmitir sus enseñanzas y su sabiduría.
Creyeron con sus tibubeos iniciales al Dios que les invitó a ser pescadores de hombres convirtiéndose en sus enviados.
Pedro y Pablo. Pablo y Pedro. Espejos en los que mirarse. Ejemplos de cómo vivir la fe cristiana. Ninguno de los dos fueron héroes de película. Fueron simples y auténticos hombres de Dios, tan humanos como cualquiera de nosotros.
Ni uno ni otro esperaron grandes cosas. Sólo reclamaban que se escuchara su palabra. No esperaban ser reconocidos por nadie, sino que su nombre fuese grabado en el libro de la eternidad.
Su origen social y económico, su forma de entender la vida me hace comprender que la llamada del Señor no es exclusivista porque ante Dios todos los hombres somos iguales. Lo único que nos distingue es nuestra vida de santidad o de pecado. En lo demás, no es del agrado de Dios hacer ningún tipo de distingos. Pero en una fiesta como esta, el Señor nos permite comprender que hay grandes santos a los que imitar para llegar al cielo. ¿Y qué aprendo hoy de estos dos pilares de la Iglesia? Que mi propia historia es como la de Pedro y Pablo. Con tantos compromisos, con tantos ideales, con tantos propósitos para vivir la fe con firmeza, con mis negaciones, con mis fracasos, con mis huidas. Pero cuando el Señor llega a mi vida es capaz de transformarla. Puedo seguir faenando con mis redes o subirme de nuevo al caballo pero si acepto la llamada, si estoy dispuesto a seguir al Señor, Él hará de mi un hombre nuevo, un ser nuevo, alguien más espiritual, más comprometido, con más amor, caridad y misericordia. Y me seguirá mirando con la misma mirada de cariño. Lloraré también con amargura pero podré exclamar como estos príncipes de los apóstoles con firme convicción: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo”.
Hoy es un día adecuado para transformar de nuevo mi vida, mi corazón, mi mente y mi alma llenas todas de luces y de sombras. Acercarme más a Dios desde el corazón, desde mi debilidad y mi pequeñez. Y hacerlo con el corazón abierto. Tratar de encontrar la santidad en mi vida cotidiana, en todos y cada uno de mis actos, en los más grandes y los más pequeños, de manera humilde y sencilla.

san pedro y san pablo

¡Señor, hoy quiero mirarme en el espejo de Pedro y de Pablo! ¡Me identifico, Señor, con sus fracasos personales y con su fidelidad a Ti, por su compromiso cristiano y por cómo acercaron a tantas gentes a la Iglesia! ¡Hoy de la mano de los dos, Señor, me siento más Iglesia, la que ellos edificaron con su sangre santa! ¡Quiero, Señor, como Pedro seguirte siempre, rechazar la fuerza de mi carácter para hacerme dócil a Ti, disculparme siempre, seguir tus huellas, y aunque te niegue tantas veces amarte siempre! ¡Señor, quiero crecer en el amor hacia Ti y hacia los que me rodean! ¡Quiero, Señor, como Pablo, romper la dureza de mi corazón y la intransigencia de mi carácter, abrir los ojos ante la ceguera de tu gracia, romper con las cosas que me separan de Ti, dedicar mi vida a anunciar tu Palabra! ¡Señor, como Pedro y como Pablo tengo yo también mis grietas pero quiero aprender de ellos su fe, su fidelidad, su amor, su forma de vivir tan coherente y tan cerca de Ti! ¡Quiero pedirte por la Iglesia que ellos edificaron y que tu fundaste a la que tanto amo para que permita a los hombres tener un encuentro contigo y hacer realidad el Reino que nos has prometido! ¡Hazla santa, Señor, que es muy necesaria para el mundo a pesar de los hombres que la formamos!

Especialmente hoy tenemos un recuerdo especial para el Papa Emérito Benedicto XVI en su 65 aniversario de ordenación sacerdotal, testimonio luminoso de sabiduría y de amor a la Iglesia y a Dios. ¡Que la mano misericordiosa de Dios sostenga siempre a nuestro querido sucesor de los apóstoles!

¡Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío!

Tu est Petrus, cantamos hoy en la festividad de los dos apóstoles:

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