Sentir la protección de Dios

Hay momentos en la vida en que la necesidad apremia, que la angustia hace mella, que la turbación ciega, que los pensamientos inquietan y agobian el corazón. Se necesita «algo», y ese «algo» puede ser un trabajo, unos ingresos dignos, una casa, una llamada que se espera con anhelo, la solución a un problema, una luz que oriente, un consejo que clarifique, una palabra de apoyo, paz interior… Se me ocurren mil ejemplos.
Nunca pensamos que ese algo puede ser sentir en lo más profundo de nuestro ser la protección y el descanso de Dios. Ese sosiego plácido del alma que silencia los ecos exteriores y nos permite sentir el cuidado amoroso de Dios.
Me viene este pensamiento por la lectura sosegada del salmo 91. Hoy he abierto la Biblia, buscando una palabra, y ha surgido este hermoso texto de protección divina en medio de los peligros. Es un canto vivo a la esperanza. Es un himno que te permite poner todas tus preocupaciones en las manos de Dios.
Recuerdo la pregunta de un amigo creyente que me decía hace un tiempo por qué debía confiar en la protección de Dios si era Él quien le permitía sus largos momentos de angustia. Si uno está en el corazón mismo de Dios, ¿puede Dios olvidarse de él? Nunca. Dios es socorro, consuelo, fortaleza, misericordia, amor… Y su gracia es infinita en sintonía permanente con nuestra vida, creación suya.
Dios conoce todas mis preocupaciones. Dios sabe cuando en mi corazón no hay paz. Dios es consciente de mis dudas. Dios es sabedor de mis temores y de mis miedos. ¿Entonces? Solo me pide confiar en Él en la adversidad y en las dificultades que se me presentan. En el amor el miedo y el desasosiego no deberían tener nunca cabida. Cualquier tipo de turbación socava la confianza. Y eso un cristiano que tenga confianza plena en Dios no debe permitírselo nunca.

Sentir la protección de Dios

¡Señor, sabes cuáles son mis preocupaciones y mis problemas! ¡Sabes los que son importantes, los que son pequeños y los que yo doy importancia sin tenerla! ¡Señor, te los entrego todos para que descansen en ti y mi corazón sienta paz y consuelo! ¡Haz con ellos, Señor, lo que mejor me convenga! ¡No quiero hacer mi voluntad sino la tuya! ¡Señor, no permitas que mi mente y mi corazón hagan cálculos, eso solo me lleva a la inquietud y al desánimo! ¡Ayúdame a ponerlo todo en tu presencia! ¡Envíame tu Espíritu, Señor, para que sepa ponerlo todo en oración y en el silencio escuchar tus consejos y tus indicaciones! ¡Señor, las cosas se me escapan a veces de las manos porque sólo quiero hacer mi voluntad y cuando me fajo de un problema surge otro inmediatamente! ¡Que sean tus manos las que lo dirijan todo, Señor mío! ¡Dame la fuerza, la alegría, el tesón y la confianza para aceptar todo lo que tu me envías! ¡Lo que no puede ser, Señor, aquí lo tienes! ¡Lo que me duele, aquí lo tienes! ¡Lo que me entristece, aquí lo tienes! ¡Lo que me cuesta, aquí lo tienes! ¡Lo que me insatisface, aquí lo tienes! ¡Lo que me desconcierta, aquí lo tienes! ¡Aquí tienes mi corazón, llénalo de ti para con tu gracia levantarme cada día! ¡Gracias, Señor, por tu amor infinito y por tu misericordia!

En este último día de mes, Señor, con más fuerza te digo: ¡Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío!

¡Señor, tu me conoces y me sondeas!

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