Reconocer la fuerza de la Cruz

Los seres humanos tenemos la tendencia a ser olvidadizos. Miraba ayer en la oración al Señor colgado de la Cruz. El signo más impresionante de Amor. Si fuese capaz de recordar permanentemente que ese Cristo que murió por mí en el Calvario es el Dios que me ha dado la vida, el Dios de la Creación, el Dios de la eternidad, debería estar en permanente estado de alabanza, de glorificación, de amor, absorto en tal maravilla. No podría más que sentirme inmerso en un estado de profunda misericordia. Si de verdad amara, si de verdad sintiera no podría más que compartir con todos los que se cruzaran en mi camino un gozo tan grande. No podría dejar de conversar sobre esto durante todas las horas de mi vida. Me llevaría, incluso, a postrarme de rodillas, humillado y avergonzado en adoración permanente, con un compromiso firme al servicio hacia los demás, y no podría más que alzar la voz para testificar tan grande acontecimiento. Pero no. Las horas del día pasan y no soy capaz de recordarlo. Doy por sentado que Cristo murió por mí y mientras pasan las horas hay cientos de otras cosas que pasan al primer plano.
¿Por qué esta capacidad para perder el asombro por este hecho tan asombroso? ¡Señor que no me acostumbre a verte crucificado! Recitamos versículos de los salmos y oraciones con un orden mecánico que acaban perdiendo la sustancia y nos llegan a resultar insípidos. ¡Deberíamos ser capaces de pararnos ante la Cruz de Cristo y contar cada una de las gotas perdidas dolorosa y lentamente por nosotros y admitir nuestra insensibilidad ante un hecho tan extraordinario.
Sí, nos postramos ante Dios ante el Santísimo y le damos gloria, pero cuando salimos a la calle, en nuestros hogares y en nuestros trabajos, nuestra mirada y nuestro rostro nada sugiere que hemos estado contemplando al Creador del mundo. La razón de esta actitud es el pobre concepto que tenemos de Dios.
¡Quiero hoy, Señor, reconocer la inmensidad de lo que sucedió en el Calvario! ¡Retomar en mi interior la fuerza que tiene para mí, como cristiano, tu Cruz porque esta vida sin cruz auténtica no tiene sentido!

cruz

¡Señor, tú sabes cuánto te quiero pero también qué pequeño es mi pobre corazón! ¡Hazlo tuyo para que aprenda amar! ¡Hazlo tuyo, Señor, a pesar de mi miseria y de mi pequeñez para experimentar lo mucho que me amas y ser capaz de dar amor a los demás! ¡Señor, que no me acostumbre nunca a verte crucificado! ¡Qué cada mirada a la Cruz sea para corresponder al Amor con amor! ¡Ayúdame, Señor, a subir cada día al Calvario contigo, aceptando la voluntad de Dios, y para ser consciente de mi identidad cristiana! ¡Te pido, Señor, la gracia de amar como amaste Tú, de sacrificarme por los demás como lo hiciste Tú, de servir como serviste Tú, de ser misericordioso como lo fuiste Tú, de llevar la Cruz de cada día como lo hiciste Tú! ¡Dame, Señor, la gracia de ser más consciente de que Tú vives en mí, de que escuchas mis plegarias, de que me amas con un Amor eterno! ¡Gracias te doy, Señor mío, por haber muerto libremente en la cruz! ¡Gracias porque renuevas este sacrificio cada día en la Eucaristía! ¡Soy tuyo, Señor, pero me acostumbro muchas veces a verte crucificado, mi oración es racional, mis plegarias son rutinarias, mi amor es egoísta, no soy paciente pero sí orgulloso, me comporto con rudeza, me enojo fácilmente, mi corazón tiene rencores, no lo disculpo todo, no lo espero todo, no soy capaz de soportarlo todo! ¡Me falta amor, Señor, y por eso hoy te pido que me mires desde la Cruz y sienta tu presencia, tu amor, tu perdón y tu misericordia! ¡Soy tuyo, Señor! ¡Que no me acostumbre a verte crucificado!

Cristo Jesús es el título de esta canción que se canta en la Comunidad de Taizé:

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Un comentario en “Reconocer la fuerza de la Cruz

  1. Llegue a esta página en la necesidad de aprender a orar y acercarme a nuestro Señor, ahora que estoy sobrellevando una prueba en mi vida.
    Queria comentar que me esta ayudando tanto estas meditaciones diarias pues me siento mas sosegada y tranquila. Agradezco mucho al autor de las mismas y el tiempo que brinda a esta buena labor. Dios lo bendiga siempre.

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