Insignificante en la inmensidad del horizonte

Tras varias horas de vuelo y un sueño plácido mi mirada se dirige hacia la inmensidad del cielo. El sol comienza a despuntar. Es impresionante rezar con las primeras horas de luz viendo como los rayos de sol iluminan con toda su intensidad los límites del horizonte. Las  tinieblas de la noche se han diluido y dan paso a la luz del día.
He experimentado algo muy especial al fijar la mirada desde la ventana del avión y ver la raya del horizonte en el que está Dios y no he podido más que darle gracias por haber creado un mundo tan perfecto, tan hermoso, tan maravilloso y tan medido porque nada de lo que viene de Dios es producto de la casualidad. Y al mismo tiempo que contemplaba la luminosidad del cielo he sentido el gran amor del Padre Creador. Y me he sentido muy cerca de El, cuidado como una posesión valiosa creada por sus manos. Y no he podido más que darle gracias, alabarle y glorificarle por ese Amor que me ha regalado. Y he sido consciente de la insignificancia de mi vida, de mi pequeñez y de mi nada si la comparo con la grandeza de la Creación y la fuerza de la eternidad. Gratuidad de Dios que me ha dado la vida sin merecerla. Todo estaba ya antes de mi llegada a la vida y todo permanecerá hasta la finitud de los tiempos. Ese es el gran regalo de Dios que tantas veces soy incapaz de admirar con toda su trascendencia.

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¡Padre bueno, Creador del Universo, te doy infinitas gracias porque has creado la luz el sol, el cielo, la luna y las estrellas. Gracias, por haber creado los mares y los ríos. Gracias porque has creado las plantas y los árboles. Gracias por los peces, por los pájaros y por todos los animales! ¡Gracias, Padre, por habernos creado a los hombres semejantes a ti y por haberme dado la vida. Todo lo tuyo es bello y hermoso, todo es maravilloso. Una simple mirada al cielo, Padre, basta para gritar con agradecimiento, alegría y amor! ¡Bendito y alabado seas, Señor, por tu Creación, por hacerte presente entre nosotros, por tu llamada que llega directamente a nuestros corazones! ¡Señor, todo evoca de manera maravillosa Tu presencia y por eso te doy gloria y alabanza. Tu creas para nosotros,  por eso es imposible no creer en tu existencia. Que toda la creacion te alabe, mi Señor! ¡Gracias, Señor, por la sabiduría con la que nos regalas la naturaleza y por la bondad con la que nos muestras como cuidar de ella! ¡Gracias, también, Señor,  porque tu presencia es real y no nos dejas solos sino que nos cuidas, nos instruyes, nos guías y nos proteges cada día! ¡Gracias por el milagro de la vida y por tantas cosas bellas que me rodean y que tantas veces no soy capaz de valorar! ¡Bendito seas por la majestad de la Creación! ¡Señor, que cada día sea capaz de apreciar la luz y no la sombra de las cosas, que sea capaz de ver en todo lo bueno y borre con gratitud todos mis lamentos! ¡Gracias por mi familia, por mis amigos y por tantas personas que aman, sirven y siembran esperanza! ¡Te doy gracias, Señor,  porque contigo soy capaz de vencer las tristezas y el desaliento!

Un pasaje de la Creacion de Hadyn, el bello oratorio del compositor austriaco

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