Todos, en cierta manera, robamos y matamos

Aunque no lo parezca todos robamos con bastante frecuencia. Y, en menor medida, tambien matamos. Cada dÍa. Puede parecer una exageración pero no lo es. Pienso, ¿Cuánto tiempo robo a los demás para que me hagan caso, para que me atiendan, para que me solucionen un problema, para que me hagan un favor y, además lo más rápido posible? Y yo, en contrapartida, ¿cuánto de mi tiempo entrego generosamente a los demás? ¿Actúo de la misma manera? ¿Es suficiente a tenor de lo que los otros me dedican a mi y me ayudan? ¿Y cuando me han ayudado, rezo por ellos y doy gracias a Dios por esa ayuda o la considero casi una obligación? ¿Y cuantas veces mato al prójimo despreciándolo, olvidándome de él, haciendo caso omiso a sus necesidades?
En esta sociedad de consumo en la que lo material prima por encima de todo en realidad la gente solo quiere que le dediques tu tiempo. Que les des lo mejor de ti mismo. Como cristiano no puedo ser un bonsai que sólo sirve para decorar un salón y embellecer el ambiente, dándole forma y mimándolo para que la hojas crezcan de manera armoniosa y mimosa, a mi gusto. Tengo que ser un árbol frutal que de frutos abundantes. Si en mi paso por este mundo no soy útil a alguien, ¿como seré capaz de engrandecer el Reino de Dios? Lo piensas bien y te das cuenta de las múltiples ocasiones que robas a los demás y llegas, incluso, a matarles.
Tal vez hoy sea un buen momento para recapacitar de cómo empleo mi tiempo y cuando invierto solo en «mi yo, mi me, mi conmigo» en lugar del darlo para satisfacer las necesidades de los demás y cuanto me dono con generosa predisposición a los que me rodean y más lo necesitan.

Todos, en cierta manera, robamos y matamos

¡Señor que mi queja habitual no sea el «no tengo tiempo»! ¡Señor, siempre pongo excusas porque no tengo tiempo para orar, o para dedicarle tiempo a Dios, o al amigo que lo necesita, o para hablar de Ti a los demás, o para visitar al enfermo, o para anunciar la Buena Nueva que Tu nos dejaste, o para conversar con mi cónyuge, o para jugar con mis hijos, o para escuchar al que está herido, o para ser útil a los demás! ¡Señor, sin embargo, siempre tengo tiempo para ver la televisión, para no hacer nada, para perder el tiempo con nimiedades, para descansar…! ¡Señor, soy un egoísta porque me sobra el tiempo pero no quiero invertirlo en aquello que exige esfuerzo, entrega y amor, mucho amor porque tengo un corazón duro incapaz de darse a los demás! ¡Señor, es verdad que el tiempo me ahoga, que el trabajo y mis obligaciones me desbordan pero quiero aprender de Ti y seguir tu ejemplo! ¡Tú, Señor, permitiste que los niños se acercaran a ti, te presentaste ante los enfermos, los necesitados, los recaudadores de impuestos, los samaritanos… aunque estuvieras cansado y hubieses pasado horas sin haberte sentado ni comido! ¡Señor, tu conversaste con la samaritana, con miles de personas necesitadas de afecto y misericordia, levantaste el ánimo de tantos hombres y mujeres alicaídos y llenos de heridas! ¡Quiero aprender de Ti, Señor, para que algo de mí, entregando mi tiempo, surja en ellos un efecto que transforme su vida! ¡Señor, que mi poco tiempo sea para dar generosidad, servicio, misericordia, paz, serenidad, bondad y amor, mucho amor! ¡Que sea como Tú, Señor, entregado a los demás dejando de lado las excusas del poco tiempo! ¡No permitas, Señor, que mi egoísmo me lleve a robar el tiempo a los demás y no recompensarlo luego con mi agradecimiento, mi oración y mi tiempo!

Aquí estoy yo, cantamos hoy con Jesús Adrián Romero:

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s