Peregrinando con Santiago apóstol

Hoy celebramos la fiesta de Santiago apóstol, el primero que sufrió martirio y dio su vida por el Señor. Una festividad que me invita, desde lo más íntimo del corazón, a meditar y orar por la renovación de mi fe, mi esperanza y mi compromiso cristiano. Una celebración que me recuerda que lo importante es el servicio en esta sociedad abierta a diferentes culturas y sensibilidades. Santiago también abandonó en su tiempo las fronteras de su mundo y buscó nuevos horizontes para llevar la Palabra de Jesús a otros lugares.
Cuando uno lee en el Nuevo Testamento reconoce en él a un hombre temperamental, ambicioso, deseoso de ocupar los primeros lugares. Sin embargo, la fidelidad a Jesús, el haber compartido su experiencia extraordinaria de Su Transfiguración y el momento trágico de la agonía en Getsemaní debieron provocar en él una fuerte maduración en su fe. Santiago conoció los momentos de gloria de Jesús, sus milagros, sus curaciones, sus palabras. Pero también la contraposición a ese esplendor con la humillación en la muerte en la Cruz.
Santiago comprendió que seguir a Jesús no es sencillo, que uno puede verse rodeado de la gloria de la bendición pero también del sufrimiento, del dolor y de la debilidad. Todo este le permitió recibir al Espíritu Santo el día de Pentecostés con una gran preparación interior. Y desde ese momento su peregrinación consistió en dar testimonio de Jesús, de abandonar la necesidad de figurar para darse a los demás, la generosidad de acoger en el corazón la llamada de Jesús, la valentía de abandonarse a las manos del Padre sin asumir las propias seguridades personales, la disponibilidad con los que caminan junto a nosotros, el sacrificio de dar la vida por Cristo —en nuestro caso tal vez no con nuestra muerte física, pero el cristiano también muere en este mundo de otras maneras también dolorosas— y, fundamentalmente, su adhesión valiente, entregada, amorosa y desprendida a Jesús.
En este día tomo también mi bordón de peregrino para caminar por el camino de la vida al encuentro de Jesús, animado por el ejemplo de Santiago y con la alegría de sentir que camino hacia la tierra prometida por una ruta de penitencia, esperanza, confianza y conversión.

Peregrinando con Santiago

Cada año rezo en este día la oración que el Papa san Juan Pablo II pronunció el 19 de agosto de 1989 ante la tumba del Apóstol en la Jornada Mundial de la Juventud que tuvo lugar en Santiago de Compostela. Así que hoy, la oración que acompaña habitualmente la meditación es de nuestro venerable pontífice al que llevamos todos en nuestro corazón:

¡Señor Santiago!
Heme aquí, de nuevo, junto a tu sepulcro
al que me acerco hoy, peregrino de todos los caminos del mundo,
para honrar tu memoria e implorar tu protección.
Vengo de la Roma luminosa y perenne,
hasta ti que te hiciste romero tras las huellas de Cristo
y trajiste su nombre y su voz hasta este confín del universo.
Vengo de la cercanía de Pedro, y, como Sucesor suyo,
te traigo, a ti que eres con él columna de la Iglesia,
el abrazo fraterno que viene de los siglos
y el canto que resuena firme y apostólico en la catolicidad.
Viene conmigo, Señor Santiago, una inmensa riada juvenil
nacida en las fuentes de todos los países de la tierra.
Aquí la tienes, unida y remansada ahora en tu presencia,
ansiosa de refrescar su fe en el ejemplo vibrante de tu vida.
Venimos hasta estos benditos umbrales en animosa peregrinación.
Venimos inmersos en este copioso tropel que desde la entraña de los siglos
ha venido trayendo a las gentes hasta esta Compostela
donde tú eres peregrino y hospedero, apóstol y patrón.
Y venimos hoy a tu vera porque vamos juntos de camino.
Caminamos hacia el final de un milenio que queremos sellar con el sello de Cristo.
Caminamos, más allá, hacia el arranque de un milenio nuevo
que queremos abrir en el nombre de Dios. Señor Santiago,
necesitamos para nuestra peregrinación de tu ardor y de tu intrepidez.
Por eso, venimos a pedírtelos hasta este «finisterrae>> de tus andanzas apostólicas.
Enséñanos, Apóstol y amigo del Señor,
el CAMINO que conduce hacia El.
Ábrenos, predicador de las Espadas,
a la VERDAD que aprendiste de los labios del Maestro.
Danos, testigo del Evangelio, la fuerza de amar siempre la VIDA.
Ponte tú, Patrón de los peregrinos,
al frente de nuestra peregrinación cristiana y juvenil.
Y que así como los pueblos caminaron antaño hasta ti,
peregrines tú con nosotros al encuentro de todos los pueblos.
Contigo, Santiago Apóstol y Peregrino,
queremos enseñar a las gentes de Europa y del mundo
que Cristo es-hoy y siempre- el Camino, la Verdad y la Vida.

Felicidades a todos los Jaimes y Santiagos.

Escuchamos hoy el Himno al Apóstol Santiago:

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