En unidad con Dios

El corazón es lo más misterioso y maravilloso del ser humano. Es el corazón el que nos predispone a la oración para el encuentro con Dios, a la apertura a Dios. Hay un corazón del corazón. ¿Y cuál es la clave para la apertura del corazón? El amor.
Cuando uno siente un amor por la vida y por Dios ese amor se convierte en una llama ardiente. Cuando uno se desprende de su yo para ponerle a Él surge una unicidad total con el Dios de la vida. ¡Que fácil resulta para Dios entrar en un corazón sencillo, sin cadenas de ningún tipo, sin pliegues que lo arruguen! Es ofrecer por completo el corazón a Dios para que él actúe a través de mí. Porque en el fondo de mi corazón está mi yo pero también se encuentra Él que es parte intrínseca mía ya que yo he sido hecho a su imagen y semejanza.
¡Cuántas veces busco fuera de mí cuando todo lo puedo tener dentro de mi! Aspiro —aspiro porque estoy a mil leguas todavía— a lograr la unidad con el Señor, alcanzar la vida en plenitud con Él. Es un anhelo ardiente, que sé que tardaré en lograr por mis múltiples imperfecciones. Pero sé también que mi vida espiritual y su desarrollo dependen del tipo de relación que mantenga con Jesús. Y que mi vida cristiana no está y no debe estar nunca basada en normas o imposiciones morales si no en una relación de comunión y de amor muy estrecho con Cristo en esa entrega de Jesús hacia mí y de mi persona hacia Él.

En unidad con Dios

¡Te doy gracias, Dios mío, por toda la obra que tu Hijo Jesucristo ha hecho en mi vida, por su muerte, su resurrección y su ascensión y como se hace presente en la Iglesia y en mi vida cristiana! ¡Todo obedece a tu amor y no hay mayor expresión de este amor que el habernos entregado a su Jesús! ¡Quiero vivir en Cristo y como Él quiere vivir en mi, que pertenezco a esta a comunidad de amor que es la Iglesia, donde amamos y somos amados! ¡Para lograr la plenitud contigo deseo tus dones o recibir todas aquellas cosas que Tu me envía, necesitamos poseerte y experimentar tu amor en plenitud! ¡Te amo porque eres mi mayor prioridad! ¡Soy consciente de que no vivo en plenitud contigo a pesar de que te busco, a pesar de que intuyo que mi propósito es vivir en plenitud, y te pido perdón cuando fallo en ese intento de alcanzarla! ¡Te confieso, Jesús, como mi soberano absoluto, como el Señor de mi vida, y creo sinceramente que tú has resucitado para darme la vida! ¡Perdona todos mis pecados y me comprometo a obedecerte y vivir para ti por el resto de mi vida!

Hoy celebramos La fiesta de Nuestra Señora de los Dolores que conmemorar los Siete Dolores que tradicionalmente se han considerado como los más profundos en la vida y en el corazón de la Virgen María. Ponemos en sus manos nuestros sufrimientos, penas, angustias y dolores: ¡Oh Maria, Madre de Jesucristo y Madre Nuestra, te ofrecemos nuestras cruces al igual que permaneciste junto a la Cruz de tu Hijo! ¡Te pido sostengas nuestra fe para que nunca apartemos la mirada del rostro de Cristo en quien, durante su sufrimiento en la Cruz, la cruz se hizo patente el amor inmenso de Dios! ¡Madre de la esperanza, danos un corazón capaz de amar sirviendo en medio de las dificultades! ¡Santísima Virgen de Dolores, ruega por nosotros!

Por mi murió, cantamos hoy:

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