Lenguas viperinas

Puede parecer sorprendente que la lengua sea un don de Dios. Es a través de ella como los hombres nos comunicamos con nuestros semejantes y expresamos a Dios los sentimientos que anidan en lo más íntimo de nuestro corazón. La vida está en poder de la lengua porque con ella tengo la oportunidad de bendecir al Padre, hablar de y con las personas que me rodean, algunas veces en positivo y en otras en negativo. ¡Con cuanta frecuencia olvido que son seres humanos hechos a imagen y semejanza de Dios!
La lengua se puede convertir en una navaja muy afilada que puede hacer mucho daño a la persona que tengo a mi lado. Si me examinara cada día de la pureza de mis labios comprobaría que la mayor parte de los azotes de mi vida provienen de la lengua, de mi incapacidad de callar y de haber hablado en demasía.
Es la lengua la que revela lo que hay en el interior de nuestro corazón. El mismo Jesús ya nos dice que «de tal abundancia del corazón habla la boca».
Hoy siento que como cristiano tengo que encadenar muchas veces mi lengua y procurar que mis obras respondan a las palabras que surgen de mi boca.
¡Qué examen más útil, más fructífero y más auténtico es el de examinar cada día las palabras que he proferido a lo largo de la jornada! ¡Y qué bien me iría se hubiese sido capaz de callar en todo! ¡Qué bien mi iría aplicarme ese adagio que dice «que las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra»!

Lenguas viperinas

¡Señor, tú guardaste silencio ante el sanedrín cuando te acusaron de querer destruir el templo y levantarlo en tres días; cuando Herodes se burló de ti poco antes de tu Pasión; cuando Pilato te hizo aquellas preguntas fuera de contexto; te callaste ante los acusadores de la mujer adúltera dibujando con el dedo en el suelo… podría poner muchos más ejemplos en los que tú me muestras como el silencio es también perdón, amor, entrega y misericordia! ¡Con esto demuestras, Señor, que un pecador no debe acusar ni juzgar nunca a otro sino que ha de perdonarlo siempre porque él también necesita de tu perdón y de su perdón! ¡Tú que eres la verdad callaste y soportaste siempre las acusaciones falsas que formularon contra ti! ¡Qué ejemplo el tuyo mi Señor! ¡Enséñame a guardar silencio ante las faltas de mi prójimo, que no lo acuse o critique sino que lo ame para que me corrija a mi! ¡Enseñame a guardar silencio y no criticar a mis hermanos y recuérdame que con la misma medida con que mida a los demás seré yo mismo juzgado! ¡Señor si yo juzgo con severidad a los demás tú me medirás con la misma moneda! ¡Si no soy misericordioso, no puedo pensar cómo será tu misericordia! ¡Te pido,Señor, que me enseñes a callarme cuando me calumnien, injurien, me acusen sin razón, me humillen, porque tú soportase todo esto en silencio y a mí me servirá para espiar mi orgullo, mi soberbia, y mi vanidad!

Agua viva, cantamos hoy con la hermana Glenda:

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