Amar a la Iglesia

En un encuentro informal en un bar, en el receso de un seminario comercial, con gentes de pensamientos muy diversos se inicia una conversación en el que el tema central es la crítica mordaz a la Iglesia. Trato de defenderla con datos objetivos pero la vehemencia de los comentarios respira tanta animadversión que prefiero callar y mientras critican rezar en silencio.
Yo amo a la Iglesia. Es mi casa. Es la obra culmen de Jesucristo. Su gran obra maestra. La que le permite su perpetuación en este mundo. Es el gran milagro que nos han dejado Jesucristo y sorprende que haya podido formar, educar y sostener a tantos millones de personas a lo largo de la historia. Pero es así por el soplo del Espíritu. Impresiona que fuera comenzada por doce rudos pescadores y gentes sin apenas formación y sin ningún estatus social ni político. Pero hace tanto bien, ha dejado tanta bondad a lo largo de la historia, que todas las fuerzas del mal luchan contra Ella desde tiempos inmemoriales pero la fuerza del Espíritu Santo hace y hará que viva, crezca, prospere y se mantenga. La Iglesia, fortalecida por el soplo del Espíritu, logra desafiar a la maldad del hombre.
Me siento muy feliz de pertenecer a ella, es un gran regalo que Dios me ha hecho. Junto con la vida, uno de los más grandes. Y por eso la amo, porque es un obsequio personal de Dios. Y me siento orgulloso de tener como hermanos a los Patriarcas, a los Profetas, a los Apóstoles, a los Mártires, a los Confesores, a los sacerdotes, a las Vírgenes y a todos los Santos.
Amo profundamente a la iglesia y mi deber es servirla como Ella quiere ser servida, desde la pequeñez de mi santidad cotidiana, gozando de sus dolores y sus alegrías, siendo responsable en mi apostolado, orando por ella, ofreciéndole mis pequeñas mortificaciones, cumpliendo con amor y por amor las labores que me corresponden cada día, trabajando por Ella con alegría y, sobre todo, testimoniando con mi vida que soy un hijo fiel. Tal vez con esto pueda ser testimonio ante aquellos que la critican… El problema es que no siempre los demás pueden ver en mi el hijo ejemplar de esta Madre Santa.

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¡Dios Padre de Bondad, te pido por tu Santa Iglesia Católica para que la llenes cada día con la fuerza de la gracia de tu Espíritu; donde haya mancha de pecado por nuestros errores humanos, nuestro egoísmo y nuestra falta de verdad, purifícala; dirígela para que no caiga en el error; reformarla cuando veas que se extravía de la verdad; consérvala para que haga el bien a las almas de este mundo tan necesitadas de ti; provéela de todo aquello que necesite; únela con los lazos del amor cuando veas que haya divisiones entre las personas y entre las iglesias cristianas; hazlo por amor de Jesucristo, tu Hijo, que murió y resucitó, y vive siempre para interceder por nosotros! ¡Espíritu Santo, ten misericordia de tu Iglesia y fortalécela ante los ataques de los enemigos exteriores e interiores! ¡Virgen María, Tu que contemplas como la Fe Católica trata de ser derribada de este el mundo por el Príncipe del Mal intercede y ayúdanos a mantenernos firmes en el Señor! ¡Danos familias santas para que surjan santas vocaciones!

«El Espíritu de Dios está en este lugar» cantamos para que el soplo de Dios nos fortalezca y nos haga fieles a su Iglesia :

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