La Virgen María y los sacerdotes

Cuarto sábado del mes del Rosario con María en nuestro corazón. Me gusta rezar por los sacerdotes, las vocaciones sacerdotales, por todos aquellos hombres que entregan su vida al servicio de la iglesia y de la comunidad. Los sacerdotes son un beneficio para todos desde el punto de vista religioso, espiritual, humano y social. Son faros que iluminan a las almas para abrir horizontes de esperanza en el corazón del hombre. Pero hay algo muy hermoso en la figura del sacerdote y es que está muy unido a la imagen de nuestra madre, la Virgen.
Mientras María creó en el interior de su cuerpo al Hijo de Dios, el sacerdote —que se reviste del poder que le ha conferido el mismo Dios—, le da a Cristo su existencia real en la Eucaristía.
Mientras María, en la sencillez de la gruta de Belén dio vida a Jesús, el sacerdote le hace nacer cada día eucarísticamente en el altar.
Mientras en la infancia de Jesús, María lo llevo en sus brazos, el sacerdote lo eleva con sus manos en el momento de la consagración y durante la bendición con la custodia.
Mientras María conservaba en su corazón todo lo referido a Jesús, y supo vivir en la intimidad de su corazón todo lo que provenía de Cristo, el sacerdote, en la intimidad de Cristo, lo hace presente en el tabernáculo.
Mientras que gracias a María Cristo Redentor vino al mundo para salvar al hombre, el sacerdote acerca los frutos de la redención de Cristo a cada una de las almas que se cruzan en su camino.
Mientras que María es la corredentora del género humano, el sacerdote por medio del sacramento del bautismo da vida nueva a las almas creadas por Dios.
Mientras que María acoge con sus manos el pecado del hombre e intercede ante Dios el perdón y la misericordia divina, el sacerdote interviene en nombre de Dios para dar perdón y misericordia en el sacramento de la Penitencia.
Mientras la vida de la Virgen estuvo repleta de sacrificios y renuncias, lo mismo sucede con los hombres entregados al sacerdocio, consagrados a la entrega a los demás, con vidas llenas de sacrificios y de entrega cotidiana.
La Virgen tiene una debilidad especial por los sacerdotes por ser ella Madre de Jesucristo Sumo, Eterno y Único Sacerdote y porque ellos participan diariamente de la Victimación de Su Hijo renovando incruentamente el Sacrificio del Calvario.
María acoge a todos los sacerdotes con amor de Madre y los hace hijos predilectos suyos al pie de la Cruz siguiendo las palabras de Jesús —«Mujer, he ahí a tu hijo»— a Juan, ordenado sacerdote en la intimidad del Cenáculo.
En este sábado, de la mano de la Virgen, rezo especialmente por todos los sacerdotes, por su santidad, por su entrega, por su vocación y los llevo especialmente en el corazón para que sean fieles testimonios del amor de Cristo a su Iglesia.

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¡Virgen María, tu acompañaste al Señor a lo largo de tu vida, desde el momento mismo de la Encarnación hasta la muerte ignominiosa en la Cruz; te pido acompañes siempre a los sacerdotes con la misma entrega maternal que hiciste con Cristo Tu Hijo para que se sientan siempre muy acompañados, amados y protegidos por ti que eres la gran intercesora! ¡María, durante la vida oculta de Jesús Tú lo fuiste educando y forjando su voluntad, su corazón, su carácter, su sencillez, su generosidad, su bondad, su humildad, su pureza, su paciencia, su capacidad de interiorización, contemplación y de silencio…;  educa también el corazón de los sacerdotes para que vivan al estilo de Cristo Sacerdote y se guíen por los sentimientos de su Corazón! ¡Oh Señora de bondad y de misericordia, acompaña siempre a los sacerdotes para que santifiquen los sacramentos, trasmitan fielmente la palabra de Dios, sean guías para todos los hombres y sirvan a la comunidad como lo hizo el Buen Pastor! ¡Señora, Reina de los sacerdotes, al igual que tu protegisteis a tu hijo Jesucristo a lo largo de su vida, protege cada día a los sacerdotes para liberarlos de la tentación y de todo mal! ¡María, Reina de la esperanza, tú conoces la debilidad de los hombres, ayuda a los sacerdotes a ser fuertes ante la tentación, a caminar siempre con la fortaleza del que se sabe acompañado de tu amor, ayúdales a soportar la incomprensión de la sociedad! ¡María, danos sacerdotes santos y danos familias santas para que haya muchas vocaciones de sacerdotes santos y ayúdales a todos ellos a perseverar en el camino de la santidad! ¡Señora, tu Corazón Inmaculado está muy unido al Corazón Inmaculado de Cristo, haz vivir a los sacerdotes según los sentimientos de vuestro corazón santo! ¡María, alienta a los sacerdotes con tu cariño y protección y forja en ellos las virtudes de tu Hijo sacerdote! ¡María, Madre de los sacerdotes, ruega por nosotros y por el mundo entero!
Una hermosa Ave María para acompañar esta meditación:
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