¿Es cada día más difícil ser cristiano?

Tenemos la tendencia a fabricamos un cristianismo a medida: fácil, cómodo, sedativo, sin complicaciones, a la carta… Y, sin embargo, el cristianismo genuino es siempre exigente. Muy exigente.
Exige respetar y amar al prójimo; perdonar gratuita y generosamente; vivir y trabajar justa y honradamente; saber ver en el hermano que sufre al mismo Cristo; alegrarse más en el dar que en el recibir.
Solamente un cristiano exigente es capaz de seducir y de llenar de profundo sentido toda su vida. ¡Pero cuesta tanto! ¡O al menos a mí me cuesta tanto! El ambiente que nos rodea tampoco nos ayuda ciertamente a ser cristianos. Sólo a través de una decidida opción personal y libre es posible seguir a Cristo y vivir su mensaje.
Ser cristiano y vivir como tal cada día es cada vez más difícil, pero únicamente las empresas complejas son las que merecen la pena y las que dan la auténtica felicidad.
Utilizando un lenguaje meramente comercial: no rebajemos el producto para conseguir un gran número de clientes. Lo que nos interesa es la calidad, la fidelidad del mensaje de Jesús que es fundamentalmente un mensaje radical de donación gratuita al otro en el que siempre debo descubrir al hermano.

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¡Señor, ayúdame a no guardarte las manos en los bolsillos, si no abrirlas para darme a los demás! ¡ señor, ayúdame a mirar hacia el cielo para saber cuál es el destino al que debo dirigirme! ¡Señor, no permitas que piense que todos viven igual que yo sino que hay muchos que sufren, que necesitan apoyo, consejo, un abrazo, una palabra de aliento, un halo de esperanza… haz de mi vida una entrega generosa que no se ciegue en lo personal y en lo mundano de este mundo, más centrado en lo intrascendente de la vida y deslumbrado por las luces de neón de los halagos ajenos! ¡Señor, haz que tu presencia viva inunde todos mis gestos, mis palabras, mis pensamientos, mis acciones… para no vivir sólo para mí sino para darme a los demás y compartir la riqueza de la fe que tú tan generosamente me ha regalado! ¡Abre, Señor, mi corazón para que no se cierre a la injusticia que tantas personas a mi alrededor sufren a causa de los problemas económicos, familiares, sociales, laborales…! ¡Señor, no permitas que desperdicie los múltiples dones que me has regalado y haz que los comparta con los demás con un servicio delicado y una entrega generosa y, Señor cuando veas que me aleje de ti, envía tu Espíritu para que no te pierda!

Hoy, de Johann Sebastian Bach (1685-1750), escuchamos la cantata Non sa che sia dolore, BWV 209 (“No sabe lo que es el dolor”):

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