La escucha de María

Tercer fin de semana de noviembre con María en el corazón. María, el icono de la escucha. El silencio de Nuestra Señora es un silencio completamente orientado a la “escucha”. Es el silencio de la acogida de la Palabra: María siempre está preparada para poder “escuchar” y atender. Primero, porque atiende a las palabras, de saludo e invitación, del arcángel Gabriel; al saludo profético y la bendición de su querida prima Isabel; al canto de los ángeles en el nacimiento de su Hijo; a la profecía del anciano Simeón; a las palabras de Jesús en el templo, con apenas doce años cumplidos…
La escucha de María es una escucha a las palabras y los acontecimientos de la vida de su Hijo. Pero María no solo escuchaba; guardaba con celo para no olvidar fácilmente; conservaba en su corazón para que nada se dispersara; y meditaba en lo más profundo de sí para indagar el significado de la Palabra o el acontecimiento en la vida de Jesús y, en general, en la historia de la salvación. María, meditando, se nos presenta como la mujer sabia, que recuerda y actualiza la palabra y los acontecimientos, y se interroga por el significado de las palabras oscuras sobre las que se proyecta la sombra de la Cruz y acoge los silencios de Dios con su silencio orante.
¡Si yo fuera capaz de lograr más silencios en mi vida, más abierto estaría a la voluntad del Padre y mejor persona sería!

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¡Qué escuela la tuya, Señora! ¡Dame, Madre, un corazón siliente para acoger con humildad la palabra de tu Hijo! ¡Dame, María, la sencillez de corazón para aceptar la voluntad del Padre y orientar mi vida a la escucha con el fin de estar preparado para apercibir todos los susurros que el Espíritu me regala en la oración diaria! ¡Enséñame, Señora del silencio, a aprender a callar si al hablar voy a dañar la caridad! ¡Enséñame, Señora, a callar lo negativo, lo que avergüence al que está a mi lado, si no defiendo la justicia o la verdad, lo que corrompe mi corazón, lo que comporte sólo crítica destructiva o difamación! ¡Ayúdame a no hablar mal de nadie! ¡Ayúdame, María, a cultivar el silencio en mi corazón para comprenderme primero a mí, para escuchar y atender a mis semejantes, para encontrar y conocer a Dios, para eliminar de mi corazón los pensamientos negativos, las ilusiones imaginarias, los agobios innecesarios, los sufrimientos dañinos! ¡Ayúdame, Madre del amor hermoso, a aprender de tus silencios para aceptar interiormente y con paz en el corazón todo lo que Dios quiere y espera de mi, para aprender a sufrir y amar en la confianza en Dios! ¡Ayúdame, Señora de la oración, a orar en silencio, a vivir con santidad con pureza de corazón! ¡Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío!

Del compositor inglés Thomas Damett, uno de los grandes músicos británicos del siglo XV, disfrutamos hoy de su antífona Beata Dei genitrix a tres voces de delicada sensibilidad:

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