Preguntas en el ecuador del Adviento

«Adviento» no es una palabra vacía de contenido; al contrario tiene una fuerte expresividad cuando en ella hay una viva experiencia interior.
Adviento es tiempo de espera; y esperamos con ilusión aquello que anhelamos firmemente. Lo normal es desear siempre lo que consideramos que más nos hace falta. Desde el punto de vista espiritual el problema es que decimos que esperamos a Jesús y en realidad es mera palabrería, lo deseamos pero no tenemos una necesidad viva de su presencia. La evidencia es que no hay esperanza sin un deseo auténtico; y sin necesidad tampoco hay un deseo real.
Desde el punto de vista personal la esencia del tiempo de adviento es la invocación sincera y auténtica para que Jesús se haga muy presente en lo más profundo del corazón. Transcurrido el ecuador del Adviento te planteas hasta qué punto está afirmación se puede considerar una verdad porque quien espera a Cristo se siente iluminado en cada momento. La vida tiende a la plenitud. ¿Hasta qué punto siento la visita de Dios en mi corazón? ¿Siento que entra en mi vida y se dirige a mí para una transformación interior? ¿En la vorágine de mi día a día soy consciente del poco tiempo que dedico al Señor porque también es poco el tiempo que tengo para mí y eso acaba llevándome por la dinámica del «hacer»? ¿Soy consciente de que las actividades cotidianas son las que me dominan y los falsos ídolos de lo mundano lo que monopoliza mi atención? ¿Hasta qué punto me detengo en silencio un tiempo para captar la presencia viva del Señor en mi corazón? ¿Hasta qué punto trato de comprender todos los acontecimientos cotidianos como gestos que Dios me dirige como signo de atención por mí? ¿Por qué me cuesta tanto percibir en mi vida los regalos del amor de Dios como signo vivificante de la certeza de su presencia? ¿Por qué no trato de ver el mundo desde otra perspectiva? ¿Por qué no soy capaz de considerar toda mi existencia como una «visita», un sentirse visitado por el Señor? ¿Por qué como cristiano no vivo el misterio de la venida real de Dios hacia el hombre y esta realidad no palpita y late con fuerza en mi corazón? ¿Qué me ocurre? ¿Es tal vez porque no se hacerme pequeño, sencillo y humilde? ¿O tal vez porque pienso que mi mundo y mi vida no necesitan una salida o una salvación que viene de Dios mismo? ¿Tan autosuficiente soy? ¿Qué he hecho de mi espera desde qué comenzó el Adviento? ¿Por qué me cuesta tanto comprender que los giros inesperados que se producen cada día en mi vida son gestos personalísimos que Dios me dirige, que no son más que signos de su mirada amorosa? ¿Por qué estoy solo atento a los problemas y a las dificultades y no pongo apenas atención a las cosas hermosas y buenas que vienen del Señor? ¿Por qué me cuesta tanto vislumbrar que el Adviento es un tiempo para sentir como Él me protege, guía y ayuda en las múltiples vicisitudes de mi vida; para alabarle por la infinitud de veces que ha hecho cosas maravillosas por mi y sigue haciéndolas todavía? ¿Qué espero? ¿Cuál es mi esperanza? ¿Qué sentido tiene mi presente, mi hoy y mi ahora? ¿Soy capaz de dar un pedazo de mi ser para construir el corazón de los demás con los pedazos de mi corazón?

orar-con-el-corazon-abierto

¡Ilumina, Señor, con tu presencia mi vida! ¡Que pueda proclamar con alegría «Él vendrá, vendrá de nuevo»! ¡Porque tu vienes, vienes a mi en cada instante y estos momentos no tienen otro valor que el de tu llamada a mi corazón para que te abra! ¡Desde mi pobre oración te imploro por la salvación de nuestro mundo y de mi propia historia! ¡Ayúdame a permanecer en vela en espera de tu llegada, Señor aunque siéndote sincero muchas veces voy a la mía y no espero nada! ¡Ayúdame a avivar la llama para renovar la esperanza y el deseo de tu venida! ¡Necesito una profunda conversión, Señor, para cambiar mi corazón, para revisar mi vida, para reconocer mis errores y mis egoísmos, para alejarme del pecado, para vivir en tu presencia y escuchar tu voz! ¡Necesito una auténtica conversión, Señor, para aprender a discernir lo que me conviene, lo que es tu voluntad y no la mía, para descubrir tus exigencias, para asumir la verdad que esconde el Evangelio! ¡Necesito una firme conversión, Señor, ayúdame, envíame tu Espíritu como hiciste con tu Madre para que nazcas verdaderamente en mi corazón, para dar luz a mi alrededor! ¡Marana-thá! ¡Ven, Señor, Jesús! ¡Dame la sabiduría para vivir misericordiosamente en este tiempo de adviento y que mi pobre espíritu sea un digno pesebre para que tú puedas nacer, Señor, en mi corazón!

Hoy celebramos la festividad de Nuestra Señora de Guadalupe, Emperatriz de las Américas y Patrona de México: «Virgen de Guadalupe, Madre de América. Tiende tu protección sobre todas las naciones del Continente y renueva su fidelidad a Cristo y a la Iglesia. Suscita propósitos de equidad y rectitud en sus gobernantes. Protege a los hermanos de Juan Diego para que no sufran discriminación. Cuida a los niños. Guarda la unidad de las familias… Que desde esta tu imagen manifiestes siempre tu clemencia, tu compasión y tu amparo. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén».

En honor a la Virgen le cantamos en este día La Guadalupana:

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s