Cuando uno grita, el Padre le escucha

Sentado ante el Santísimo le pido al Señor que me escuche, que no haga oídos sordos a mi oración, que esté atento a mis lamentos. Hay veces que la necesidad apremia y para evitar el desasosiego toque fondo la llamada es angustiosa. Y aquí hay que desprenderse de todo porque cada lamento del hombre no cae en el pozo del olvido ni el grito desgarrador se pierde en la inmensidad del horizonte, ni la llamada de socorro se pierde entre los ecos del vacío. Cuando uno grita, el Padre escucha. Y, en el desprendimiento de uno mismo, basta con mirar la Cruz. Con la mirada atenta y el corazón abierto, ahí está el Señor sufriendo por mi y junto a mí. Ahí permanecerá clavado hasta la finitud de los tiempos. Y está ahí, en la «ignominia» de la Cruz por amor. Simplemente porque me ama.
Cada lamento, cada lágrima, cada suspiro me acerca más a Jesús y me hace partícipe de la Cruz redentora. Miras la cruz y, en silencio, escuchas al corazón. Allí dentro está Jesús y yo con Él porque han sido sus manos las que lo han moldeado y sólo Él, incluso mejor que yo, conoce hasta el más ínfimo recoveco de mi corazón. Así de grande es Dios.
«Escúchame, Señor, tu que lo sabes todos y sabes que te amo a pesar de mi miseria y de mi pequeñez».

orar-con-el-corazon-abierto

¡Ven, Señor, a mi vida y mírame para compadecerte de mi! ¡Sana este corazón orgulloso y soberbio! ¡Este corazón que tanto necesita de ti! ¡Este corazón herido que quiere ser un reflejo tuyo, un espejo de tu amor y de tu misericordia! ¡Señor, ¿qué te puedo decir que no conozcas?! ¡Nada, Señor, nada! ¡Por eso te pido que vengas y me llenes de tu amor eterno y profundo misericordioso! ¡Señor, ven a mi vida y mírame! Ven para que no me desvíe del camino, para que no me aleje de Ti, para que sienta el poder de tu gracia, para que no me desmorone ante las dificultades, para ser consciente de cuales son mis pecados pero también tus gracias! ¡Ven, Señor, transforma mi vida en una oración de alabanza y de agradecimiento! ¡No son, Señor, la amargura y el pesimismo lo que tengo que ofrecerte sino la esperanza por todo lo que Tu realizas en mi! ¡Envía tu Espíritu para que en este tiempo de Adviento sea una verdadera ocasión para abrir mi corazón, cambiar profundamente!

Temprano yo te buscaré con Marcos Witt:

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