Contemplaré la bondad del Señor

Abro una página para buscar una palabra que me aleccione, que de un soplo de alegría a este día que nace, que transmita más esperanza a mi esperanza, que en mi camino hacia el portal de Belén sienta el aliento del Señor que llega. Y surge, inmaculado, el salmo 27. Y al llegar a este punto «Yo creo que contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivos / Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor» me embarga una emoción profunda. Una alegría inmensa.
La cercanía con el Señor ha sido la luz de este Adviento. Y ahora, pronta la llegada de la Navidad, esa luz se convierte en la fuerza de mi vida. Y postrado ante el portal de Belén contemplaré la belleza el Señor, su bondad y su misericordia. En Dios me fortalezco. Pero sobre, todo, mi emoción es intensa al pensar que si su mano misericordiosa no se posara sobre mí cada día para cambiar mi vida, para sanar mis heridas, para levantarme cuando caigo y me desmorono, no sé realmente donde estaría porque no cabría la esperanza.
Pero el Señor dice que espere en Él, que sea fuerte y que tenga valor porque está próximo, está cerca. Ya llega su amor para abrazarme, ya llega su mirada de Niño para abrirme los ojos para comprender que nunca camino solo, que es su bondad infinita la que me envuelve cada día y su misericordia la que me sostiene ante cualquier vicisitud de la vida. Tan simple y a la vez tan mayúsculo.

orar-con-el-corazon-abierto

¡Gracias, Jesús, porque me enseñas a ver y amar los acontecimientos de la vida con la misma mirada de Dios! ¡Gracias, porque haciéndote Niño me ayudas a comprender cómo actúa Dios! ¡Gracias, porque abres mi corazón para que sea transformado por tu bondad y por tu infinita misericordia! ¡Gracias porque tu cercanía purifica mi conciencia y transforma mi vida, mis palabras, mis acciones, mis pensamientos y mis actitudes! ¡Gracias porque tu ejemplo me invita a comprometerme a hacer el bien a los demás y caminar siempre con el corazón abierto hacia Ti! ¡Señor, quiero alabarte y confiar en ti; te pido que abras en estos días mi corazón, que tomes mi pobre vida y que la hagas más sencilla, que se convierta toda ella en un canto de alabanza por todo lo que operas en mi vida, por lo que haces en mi corazón! ¡Señor, gracias, porque siento tu presencia en mi; siento que bajas a mi miseria y mi pequeñez y me llenas de tu infinito amor, de tu misericordia y de tu paz! ¡Gracias, Señor, porque soy indigno de que entres en mi corazón, pero sé que por tu gran amor es tu Espíritu el que me llena todo! ¡Gracias, Señor; gracias de corazón! ¡Que nunca me falta tu presencia amorosa, que sea capaz de vivir siempre estrechamente unido a tu gran amor! ¡Y postrado ante el Belén, Niño Dios, sólo puedo exclamar con alegre cantar: Espero en ti, Señor; gracias por todo lo que me das y no merezco, Señor!

Una hermosa canción navideña, O Holy Night, que nos invita a abrir el corazón en este tiempo previo a la Navidad:

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