Pequeño ante el misterio de Belén

Te colocas en oración ante el pesebre. Y contemplas en silencio la pequeña cueva de Belén que has preparado, con tanto cariño, con tus manos y con la de tus hijos. Has colocado con delicadeza las figuras y te has preocupado de crear un ambiente de acogimiento. Allí contemplas con alegría al Niño Dios acunado por sus padres. Contemplas ensimismado el misterio extraordinario del Hijo de Dios que ha nacido por la salvación del ser humano. Ese niño pequeño, tierno, humilde y sencillo es el mismo Dios que ha bajado de su trono celestial, desde donde domina el universo creado por Él, para abajarse, para hacerse hombre. Para hacerse como yo y como tú. Y lo hace desde la pobreza. Desde la sencillez de corazón. Y, entonces, lo comprendes todo porque analizas tu corazón -ese corazón de piedra, egoísta y soberbio- y te afliges porque tantas veces te has colocado por encima del otro, lo has juzgado, lo has despreciado, lo has ignorado… En el misterio de Belén el hombre aprende que tiene que hacerse pequeño para servir y amar desde la sencillez porque habiéndose hecho Dios hombre en la figura de Cristo todo servicio, todo bien y todo mal que yo haga al prójimo se lo estoy haciendo, en realidad, a Dios mismo.

orar-con-el-corazon-abierto

¡Soy poca cosa, Señor, y tengo que pelear para superar tantos defectos que tengo! ¡Señor, con el corazón abierto te pido que me hagas pequeño, muy pequeño, sencillo, humilde, niño como Tú, para que pueda arrodillarme ante el Portal y tomarte entre mis brazos, acariciarte, venerarte y llenarte de besos y decirte lo muy agradecido que estoy por todo lo que haces por mi! ¡Señor, hazme pequeño para ir al encuentro del prójimo y repleto de tu cariño volcarlo en los demás! ¡Y ante el Portal saludar a María y José, ejemplos de pequeñez y sencillez! ¡Y entrar en el corazón misericordioso de Tu Madre! ¡Deseo, Señor, sentir ese amor que me convierte en alguien pequeño, pobre y niño para mirarte y sentir la alegría de tu sonrisa que todo lo perdona y todo lo sana! ¡Sabes, Señor, que me gustaría ser mejor persona, más amable y servicial, más entregado y generoso, reescribir los renglones torcidos de mi vida, pero solo tengo capacidad para cargar mi mochila y mendigar tu misericordia! ¡A Ti, Señor, me postro para hacerme como un niño, pequeño e ingenuo y dejarme guiar por Ti que todo lo haces bien! ¡Señor, me pongo de rodillas ante Ti para salir de mi mismo y mis egoísmos, para renunciar a mi yoes y mis miserias, para despojarme de mi comodidad y mi tibieza, para ponerte a Ti en el centro de todo! ¡Gracias, Señor, por este regalo tan grande que es poder tomarte en brazos y sentir que estoy abrazando al mismo Dios que siempre me acompaña! ¡Y a Ti María, te pido que me ayudes a ver en Tu Hijo el rostro de aquellos que a mi alrededor más consuelo y amor necesitan para amarlos, abrazarlos, consolarlos y llevarles la Palabra de Jesús tu Hijo!

La Virgen sueña caminos, es el villancico que hoy nos acompaña:

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s